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La palabra “género” aparece 57 veces en las 310 páginas del acuerdo firmado en La Habana y refrendado por el Congreso y la Corte colombiana. Fue una de las definiciones más defendidas por las FARC durante la negociación. Guerrilleras y feministas: las mujeres farianas tuvieron un rol clave en el camino hacia la Paz. Un cronista estuvo en la selva con ellas y cuenta sus historias

Las mujeres de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) comparten dos decisiones: la opción política que las llevó a sumarse a la guerrilla, que nació para reclamar por los derechos de los campesinos; y aferrarse a los anticonceptivos como a las armas. Ninguna de ellas quería tener hijos mientras durara el conflicto armado. Pero el Acuerdo de Paz, que comenzó a gestarse hace cinco años, cambió el panorama: los embarazos se multiplicaron al ritmo de la negociación, que desembocó en un documento atravesado por el enfoque de género. Ese principio rector actuó como un revulsivo sobre el ala derecha de la sociedad colombiana y tensó a fondo el debate entre los integrantes de la guerrilla.

“Aquí la gente es muy cuidadosa con los animales. No pueden tener hijos por nuestra condición y por eso le bajan el alimento de la olla a los perros. Algunos perros tienen sus cunitas armadas junto a sus caletas (camas)”, dice Laura Villa, que tiene 36 años y es una de las mujeres que quedó embarazada cuando empezó a vislumbrar que se abría la posibilidad de la paz. Su hija, Laura Sarita, tiene cinco meses y se prende a la teta con ganas mientras su madre habla sentada en una silla plástica, en el campamento organizado para la desconcentración de las FARC en la provincia Norte de Santander, ubicada en el norte del país, en el límite con Venezuela.

Laura no había buscado ese embarazo. Ella ponía mucho cuidado en su planificación familiar pero algo falló en sus anticonceptivos y decidió tenerla. “El obstáculo para tener hijos no fue la organización sino la confrontación. Y no quería tener hijos porque creo que los hijos los deben criar los padres. Vi muchos hijos criados por abuelos u otros familiares que le cogieron odio de sus padres porque sintieron que los abandonaron”, explica y algo cambia en su tono de voz.

Entre las muchas leyes que tienen las FARC está la que establece la planificación familiar: los anticonceptivos son tan importantes como las armas y la provisión de café, al que ellos llaman “tinto”. Nada de eso falta. Pero cuando las mujeres quedan embarazadas tienen dos opciones: abortar o continuar con el embarazo y criar al niño o niña hasta los seis meses, luego deben dejarlo en casa de algún familiar. “La guerra no es una cosa fácil. Vimos niños usados como señuelos para atrapar a sus padres”, dice y su voz vuelve a nublarse.

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