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El primero de marzo pasado las Farc-EP iniciaron el proceso de desarme. Desde las zonas veredales donde se han concentrado desde el pasado mes de diciembre, las y los futuros excombatientes se están preparando para la reincorporación a la vida civil. Mientras que algunas y algunos se dedican a estudiar para terminar su bachillerato, y de esa manera acceder a programas de educación superior, otro-as siguen cursos en temas como comunicación y manejo de redes sociales, nutrición animal y enfermería.

Por otro lado, las Farc-EP también se están alistando para su reconversión política, capacitando y organizando a sus integrantes que podrán movilizarse por fuera de las zonas de concentración para llevar a cabo actividades de pedagogía de paz como parte de una primera etapa de su trabajo político. De hecho, si bien las Farc-EP aceptaron dejar las armas y la acción subversiva, esto no significa que su accionar político se detenga, sino que por el contrario avanzaran por nuevos caminos que incluyen, entre otros aspectos, la creación de su partido político. La reincorporación de sus integrantes a la vida civil tiene entonces tanto dimensiones sociales y humanas, como políticas, en la medida en que se espera que la construcción de paz permita la emergencia de nuevas figuras, discursos y propuestas.

Se dice de manera general que las mujeres representan un 40 % de la militancia de las Farc-EP. Si bien esa cifra aún es difícil de confirmar, parece razonable decir que esta guerrilla se presenta como una organización mixta donde la presencia de las mujeres puede ser observada en sus distintos escalones jerárquicos, aunque la dirigencia siga siendo claramente masculina. Según cuentan algunos mandos que hacen parte de la organización desde los años setenta, las mujeres efectivamente empezaron a ingresar de manera significativa a partir de la década de los ochenta, mientras que muchas otras se juntaron durante las negociaciones de San Vicente de Caguán (1998-2002). Si bien unas cuantas mujeres hicieron partes de las comisiones de trabajo que se formaron en ese proceso de paz, no hicieron parte de los delegados de la guerrilla al equipo negociador.

Esa configuración de género cambió con el proceso de La Habana. Las mujeres de hecho han participado activamente en las actividades desarrolladas por la delegación de las FARC-EP, ya sea como negociadoras, asesoras, periodistas o comunicadoras. Pero es probablemente la instalación de la Sub-Comisión de Género en septiembre de 2014 lo que más ilustra la creciente importancia que se dio a las mujeres, sus realidades y propuestas en el marco de estas negociaciones.

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