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Antes de cada evento deportivo, la investigación periodística previa tiene una parada obligatoria: la lista de mujeres que destacan -obviamente- por sus características físicas. Da lo mismo si las mujeres ni siquiera compiten, hasta un mundial de fútbol masculino da pie para que los rankings se encarguen de iniciar una competencia paralela entre las parejas -mujeres, ahí no caben los hombres gay- más bonitas de los seleccionados.

 

2Con factores como ese en mente, un estudio de Cambridge University Press se dedicó a analizar 160 millones de palabras en noticias, blogs, foros de internet y redes sociales alusivas al deporte escritos en inglés, haciendo énfasis en la forma en que la prensa se refería a ambos sexos. Ante las diferencias radicales arrojadas por el estudio, el centro de investigación se comprometió a realizar uno exclusivo con la cobertura de Rio 2016.

No importa que sean las mejores del mundo, o que hayan dedicado su vida a profesionalizarse en una disciplina. Tampoco importa que en el caso de las olimpiadas realizadas en Brasil las deportistas sean el 45% del total de competidores, la belleza física o la imposición de ser madres también las persigue.1

Una de las primeras diferencias es el tiempo o espacio que se destina a los deportes practicados por hombres en los medios, recibiendo el triple de cobertura que sus pares mujeres. Cuando se habla de hombres, la atención se centra en su desempeño, mientras que al hablar de mujeres siempre hay alusión a si tienen o no pareja, su edad y por supuesto su apariencia.

Para notar el sesgo, basta ver las palabras más usadas al referirse al deporte practicado por mujeres: “edad”, “embarazada”, “soltera”, “casada” y “mayor”. Para los hombres en cambio predominan los adjetivos positivos como “rápido”, “fuerte”, “fantástico” y “grande”, demostrando que en su caso el foco está puesto destacar su desempeño y no en elementos referentes a su vida privada.

Por otro lado, las mujeres son constantemente infantilizadas al ser tratadas de “chicas” (girls), o enclaustradas en los estereotipo de lo que es femenino al ser tratadas de “damas” (ladies), mientras que los hombres en los relatos no suelen ser tratados ni de chicos ni de caballeros.

Al observar el tratamiento a la participación de hombres y mujeres en olimpiadas anteriores aparece otro punto que delata la forma en que trata la competencia de ambos sexos: al referirse a los hombres, se repite mucho la palabra “dominar” y “ganar”. Mientras por su parte las mujeres “participan”, “compiten” o “luchan”.

“Son prácticas sexistas y profundamente superficiales”

Cuando se trata de cobertura machista en la prensa, Chile no se queda atrás. Y Rio 2016 ha sacado nuevamente a la luz esa cara del periodismo. Bastaba con escuchar los comentarios del periodista Jorge Hevia durante la competencia de gimnasia artística, observando que las competidoras -varias de ellas menores de edad- deberían usar más escote en sus mallas, generando indignación en redes sociales.3

Mónica Maureira, periodista y académica de la Universidad Diego Portales, conversó con El Desconcierto, refiriéndose al tratamiento mediático que reciben las mujeres vinculadas al deporte.

Para la docente, en estos casos se produce una combinación de respuestas frente a patrones culturales sexistas y malas prácticas periodisticas, al invisibilizar a las mujeres que practican deportes: “estamos mirando siempre solo un lado. Por eso se incurre en una deficiencia profesional al no estar suficientemente documentados”, explica.

Maureira también observa la ausencia de perspectiva de género en el ejercicio periodístico, lo que lleva a no hacerle justicia al nivel de participación femenina en un evento como este, en donde casi la mitad de la participación corresponde a competidoras. Además recalca cómo eso se nota en el lenguaje utilizado, que nunca es inclusivo.

La necesidad de opinar sobre la vestimenta o el físico de las deportistas igualmente responde a la mezcla entre mal ejercicio de la profesión y patrones culturales: “Al hablar de las mujeres siempre existe una sobreadjetivación. Eso se nota también al hablar sobre violencia, en donde siempre se destacan cosas como las ‘horribles’ heridas sufridas”, señala. Al hablar de deportes, nadie menciona las características físicas de los hombres, pero -por tomar un ejemplo- resulta difícil encontrar información sobre la velocista chilena Isidora Jiménez sin que se aluda a su belleza.4

En el estudio realizado por Cambridge se hace hincapié en que las palabras más usadas para hablar de mujeres apuntan al espacio íntimo de las deportistas: “la indagación en lo privado es una connotación de género que se da siempre frente a las mujeres que participan en actividades públicas. En vez de valorarlas por el papel que tienen en su actividad, se destaca su vida privada”. La edad, el estado civil y la maternidad tienen un rol protagonico “si tienen hijos la atención se va a centrar en cómo logran criar y entrenar a la vez”, plantea Maureira.

“Hay que cuestionarse cómo uno responde a los patrones culturales, pero también nuestra formación como periodistas” afirma Mónica. “Las mujeres deberíamos tener la autonomía de hacer lo que se nos antoje. Nadie va a desempeñarse mejor por el tamaño del escote o la cantidad de brillo en la malla. Son comentarios sexistas y profundamente superficiales” apunta.

Para la comunicadora, estos episodios a veces sacan a relucir cosas positivas. En este caso, destaca la masiva respuesta repudiando los comentarios de Jorge Hevia “Hay exigirle a todos quienes tienen voz pública, que se informen y empiecen a cambiar su forma. La reacción que genera a mí me dice que hay una sociedad cada vez más evolucionada y que repara en eso” remata.
oo

http://www.eldesconcierto.cl/debates-y-combates/2016/08/08/sexismo-y-sobreadjetivacion-como-trata-la-prensa-deportiva-a-las-mujeres-en-rio2016/

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