Nos Gusta

Se lo dijo un periodista a la autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, “feministas son esas mujeres infelices porque no han conseguido un marido”. Entonces Adichie decidió que ella iba a ser una feminista feliz.

Después de los siguientes incidentes, yo he decidido imitarla: 1) la aparición de una mujer que insulta y patea a la Policía y lo único que los medios –sobre todo los radiales- y las redes sociales comentan es la voluptuosidad

Se lo dijo un periodista a la autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, “feministas son esas mujeres infelices porque no han conseguido un marido”. Entonces Adichie decidió que ella iba a ser una feminista feliz.

Después de los siguientes incidentes, yo he decidido imitarla: 1) la aparición de una mujer que insulta y patea a la Policía y lo único que los medios –sobre todo los radiales- y las redes sociales comentan es la voluptuosidad y el profundo escote de la agresora y 2) la visión de cuatro mujeres la última vez que me subí a un avión, dos de ellas sentadas en clase ejecutiva, pertenecientes a ese creciente estirpe de hembras operadas, sumisas y complacientes que buscan un hombre como quien busca una profesión, más tarde un salario, una pensión y una jubilación.

Gracias a ellas, tuve que pensar mejor cuál es mi posición frente al tema: Y sí, soy feminista. Como Adichie, creo que todos (tanto hombres como mujeres) deberíamos serlo. Empecemos por el primero de los incidentes: si bien era evidente la voluptuosidad de quien agredió al policía en Medellín en días pasados, también era evidente su agresividad. ¿Nada que comentar sobre esta última?

Me pregunto entonces, ¿se puede plantear una correlación entre ese tipo de estética de mujeres de pechos excesivos y traseros contorneados con bisturí, con la violencia? Tendría lógica, pues al final, ha sido la violencia la que nos ha llevado a confinar a las mujeres en una jaula donde el comportamiento que se espera de nosotras está dictado no por unas razones biológicas, sino sociales y culturales, tan limitadas, que la obediencia y la sumisión se imponen como requisitos indispensables para ‘gustarles’ a los hombres. Y gustar, con sus consecuentes parir y procrear, parecen ser en muchos casos una norma social, más que una elección de vida.

En el caso de la agresiva voluptuosa, la reacción masiva y en escala de los hombres parecía reafirmar que también ellos están confinados en una jaula: de ellos se esperan constantes reafirmaciones de su masculinidad que suelen ir ligadas con su capacidad de conquista, por un lado, y con su capacidad de proveer, sin mencionar la restricción que tienen de llorar o mostrar debilidad.

La explicación de estos comportamientos en la edad adulta, el de la mujer que posa en ombliguera y hot pants subiéndose al avión con unos tacones de doce centímetros, como el del hombre que orgulloso sube la foto a Facebook, tienen su semilla en la infancia. ¿Por qué inculcarles a las mujeres que lo más importante en su vida es gustarle a un hombre, mientras que en el caso de los hombres es la conquista, la fuerza, el poder? ¿Por qué en tantas familias que tienen niños y niñas, celebran cuando el muchacho pierde la virginidad a los 14, pero si lo hace la niña es un escándalo?

La disparidad y las contradicciones se instalan en el centro de ambos sexos desde la más tierna infancia. Como dice Chimamanda, “el problema de los géneros es que prescribe cómo tenemos que ser, en lugar de reconocer cómo somos realmente”. ¿No tendría más sentido orientar a los niños y niñas en dirección a sus talentos, intereses y deseos por encima de cuál sea su género?

Feminista es quien cree en la igualdad social, política y económica para ambos sexos. En ese orden de ideas, todos, tanto hombres como mujeres, deberíamos ser feministas. Eso nos haría más livianos, más libres, justos y, con toda seguridad, más felices.

Tomado de : http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/melba-escobar/seamos-todos-feministas

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