Nos Gusta

Esta mujer venció el machismo. Sus letras son reflejo de lo que ha enfrentado.
Esta es su historia.

“Nací en el barrio Santa Rosa de Lima, en la localidad de Santa Fe, abajo del barrio Los Laches, arriba de Las Cruces”. –¿Y usted por qué me lo dice con tanta exactitud?–. “Es que nadie sabe que ese barrio existe”.

De ahí viene Diana Avella, de la nada, del completo anonimato. Así se abrió camino en un mundo hostil, el del hip-hop, ese que habla de derechos e injusticias, pero que poco espacio les cedió a las mujeres, por lo menos en sus orígenes.

En ese lugar de ladrilleras y barrios de invasión en el que el plan del domingo era ir a ver al muerto de turno, después de la limpieza social, transcurrió la feliz infancia de esta mujer, así suene raro. “Siempre veíamos el círculo de gente y al ‘man’ tapado con una sábana. Era parte del paisaje. Era lo que se podía hacer en los noventa”.

Su inspiración viene de vivir con sus abuelos maternos mientras que su madre trabajaba como operaria en una lavandería y de estudiar en un diminuto colegio de monjas que adoraba a la virgen de Guadalupe.

Tiempos del rebusque

Una vida amena en medio de la precariedad; llena de frases para la vida de la vieja matrona: 'pobres, pero limpios'; 'la honradez por encima de todo'; 'nunca se puede dejar ir a alguien de la casa sin darle algo de comer, eso es pecado'.

Esas palabras retumbaron dolorosas el día en que con solo nueve años le dijo adiós a su abuela, después de una lucha incansable por conseguirle los medicamentos y de tener que verla como un vegetal. Un cáncer de tercer tipo la consumió en menos de un año. “Siempre le dijeron que era migraña, hasta que toda la familia 'hizo vaca' para un examen y se le descubrió la enfermedad”.

Eso cambió sus días. A los 10 años supo qué era ganar dinero por sus propios medios. “Nos fuimos a vivir a Suba Rincón y ahí la situación fue grave. Nos tocó salir a vender cosas a la calle porque no teníamos absolutamente nada”.

Era un barrio difícil, rodeado de carboneras en donde pululaban los ‘zorreros’, pero fue en esas calles en las que, de la mano de un casete de La Etnia y de Gotas de Rap, en 1996, Diana se acercó como nunca a este género, ese que salió de la agonía de los días en Las Cruces, un barrio de contrastes que inspiró mil letras. “Recuerdo que mi tío nos regañó. Decía que esa era música de ñeros”.

Pero no había nada qué hacer. Las letras corrían por sus venas y sus tardes eran para escuchar Reino Clandestino, una emisora en donde transmitían artistas internacionales destacados en este género.

Mientras todo eso pasaba, en su vida también cursaba sus estudios en la escuela pública, siempre la mejor, destacada, becada. “Mi mamá siempre me decía: lo único que usted tiene es el estudio. Eso nadie se lo va a quitar”.

Por eso, en el silencio de su habitación, Diana alternaba sus horas de lectura con la escritura de las letras de sus canciones.

Diana Avella tiene 29 años, un hijo y le ha entregado toda su vida al hip-hop. Eso le ha permitido viajar por todo el mundo.

A los 14 años se atrevió, por primera vez, a enfrentar a un productor y pedirle que leyera sus creaciones, pero al oír lo que este le dijo sintió como una muralla erigiéndose en su rostro. “El rap no es para mujeres, es para hombres. Si usted quiere cantar, le tocaría en los coros”. Una decepción total. Eso y la situación económica la alejaron de su sueño durante un tiempo. “Tuve diez mil trabajos: vendí empanadas, trabajé con un inflable saltarín de mi tío, lavé cabezas en una peluquería, administré cabinas telefónicas”.

Casi desistiendo de su sueño, encontró una luz en una iglesia cristiana. Conoció a un joven al que días antes había visto cantando en un festival. “Me invitó a una de sus reuniones y ahí conocí a un productor venezolano, Jairo Peñaranda. Le encantó lo que hacía”.

Un hijo, muchos viajes

Y así, con la pinta de hip-hop hasta los pies, comenzó a abrirse camino, a luchar con los prejuicios y a enfrentarse a sus propios compañeros cuando sentía el más mínimo mensaje de discriminación. “Si un ‘man’ me decía que venía de un barrio caliente, yo le respondía: ‘si quiere le cuento de dónde vengo yo’. Después me daba pena, pero así tocaba”.

En poco tiempo comenzaron la giras por las localidades de Bogotá; primero en grupo y luego como solista, un reto que muchos dieron por perdido. A todo esto le siguieron festivales y conciertos, pero también el inicio de su carrera en la Universidad Distrital, camino que suspendió cuando nació su hijo. “El papá salió chimbo, como la gran mayoría de los ‘manes’. Ante la infidelidad decidí partir y no durar toda una vida en el engaño”.

Y cuando creyó que todo estaba perdido, con su hijo en el vientre, logró su primer concierto en Medellín. “Con cuatro meses de embarazo me tiré al piso, di vueltas, bailé. Llegué superanimada a Bogotá. Fue un éxito en mi vida”.

Por fin todos sabían quién era Diana Avella, pero no solo la cantante, sino la activista social, la que daba la pelea por hacer respetar los derechos de las mujeres, por exigir a quienes la contrataban que si no llevaban también a su hijo no había viaje, su cuidado no era negociable. “Cuando me llamaban para conciertos, lo primero que decía era: ‘¿Y ya le compraron el pasaje a mi bebé?’ La gente sensata entiende que una madre no debe abandonar a su familia”.

Por esos pensamientos, sus letras están cargadas de política y de los dramas sociales de los que ha sido testigo.

Eso también la llevó a trabajar con el Distrito, a conocer sobre la vida de las mujeres en los colegios públicos, en los barrios más apartados de Bogotá.

Su lucha ha sido tan incansable que logró sacar un sencillo con cinco canciones del que vendió 500 copias. “Solo diez cantantes de hip-hop. Nadie más me apoyó. El resto me lo compraron sociólogos, historiadores, gente de otra corriente cultural. Increíble, les gustaban las letras porque hablaban de la guerra, de la paz, de la injusticia social. Lo compraron hasta en Berlín”.

Eso no ha sido todo. Diana ya se ha recorrido el mundo entero dando a conocer sus elocuentes canciones. África, Beirut, El Líbano, Alemania, España, Panamá y hasta México, en donde por primera vez una mujer fue telonera de dos de los grupos más importantes en hip-hop en ese país; y en todos ellos, su hijo fue su acompañante.

¿Cómo? Ahorrando cada centavo para sacar adelante sus creaciones, vendiéndose sola en redes sociales, abriéndose espacio en un camino dominado por hombres.

Hoy no solo se conforma con su éxito, sino que lidera un proyecto en Idartes en el que las mujeres de Bogotá comenzaron a tomarse en serio sus habilidades para el género: Colectivo de mujeres Hip-Hop. Solo en el 2007, 200 de ellas se atrevieron a hablar del tema.

Diana siempre hace pausas para lanzar una voz de protesta: por las madres que sucumben a un jefe y abandonan a sus hijos, por los maltratos y violaciones en contra de la mujer, por el desplazamiento forzado, por la realidad de un país al que le cuesta reconciliarse. “Qué ironía. Hasta en las comisarías de familia uno ve cómo revictimizan a las mujeres. Se burlan de sus pedidos, no las escuchan, las humillan y al final logran que un tipo les gire una mensualidad de 50.000 pesos”.

Hay otro tema presente en sus canciones: la descomposición familiar, que para ella es el punto de partida de tantos problemas. “Yo fui pobre, pero mi familia ha sido el pilar de mi vida. Cuándo se darán cuenta de que esa parte de la vida hay que recuperarla. Este mundo tiene que reaccionar”.

Le falta por hacer muchas cosas en la vida. Por lo pronto, terminar su carrera de Licenciatura en Lengua Castellana y terminar ‘La memoria de la resistencia’, una producción musical en la que plasmará todo eso que al fin de cuentas la hizo quien es: las eternas jornadas que dejaban las manos de su madre laceradas de lavar tanta ropa; los cuentos de su abuela, una niña abandonada en las calles de una inmensa ciudad; el llanto de decenas de jóvenes víctimas de la violencia y, claro, la victoria de una guerra en la que se vencieron esas voces que le dijeron una y otra vez: esto del hip-hop no es para ti.

CAROL MALAVER
Tomado de: http://www.eltiempo.com/bogota/historia-de-mujer-cantante-de-hip-hop-que-canta-por-el-mundo/15297352