Nos Gusta

¿Que si los admiro? ¿Que si los aprecio? Claro que sí, son dos hombres valiosos, estudiosos, carismáticos. Hombres con poder de la palabra, con una capacidad de convocatoria enorme, que difícilmente se le arrugan a una dificultad. Hombres capaces de aceptar planteamientos y respetar diferencia de criterios. Allí estaban los dos, Santiago Rojas y Gonzalo Gallo, dando una conferencia en la semana de la ‘onda rosa’, ante cientos de mujeres. Sólo que en la tarima de los conferencistas, la organización del evento no acató dar un espacio para que una mujer pudiera dirigirse a las demás, en el mismo espacio de autoridad y poder que tuvieron estos dos seres valiosísimos.

¡En un evento sobre cáncer de seno! Así lo quisieron los organizadores, que no ellos, pero es importante caer en cuenta. Ni manera de decir que se desconoce el valor del símbolo, el significado de las alegorías, el poder de los modelos, el significado de las representaciones. ¿Imagina una conferencia dictada por dos mujeres en el marco de la semana del cáncer de próstata? ¿Cuántos hombres asistirían? ¿Cuantos ‘aceptarían’ sus palabras?

No, lo que ellos dijeron fue muy positivo, con seguridad a más de uno de los asistentes reconfortó y servirá de luz para sus vidas. Pero las mujeres necesitan un lugar, necesitan el reconocimiento de una sociedad donde todos los detalles y todos los momentos sumen esfuerzos por modificar la mentalidad patriarcal que invade el Siglo XXI. ¿Qué tanto tendrá que ver el cáncer de seno con la invisibilidad femenina? ¿A quién debe ‘nutrir’ esta mujer cuyos senos ‘hablan’? Como se dice en términos de juego “no se nos puede pasar ni una”: cada ejemplo, cada detalle, contribuye en cualquier lugar a generar respeto, consideración y reconocimiento. Se necesita conciencia de equidad por todo lado y en todas partes. Todavía (¡todavía!) se considera exageración de feministas la necesidad de recalcar el lugar e importancia de la mujer, cuando la violencia, explotación o la ‘sencilla’ discriminación ondea de extremo a extremo. Todos los días, en cualquier lugar del Planeta, hay abusos contra las mujeres. Sólo la conciencia sobre la dimensión del problema podría contribuir a producir un efecto dominó. El efecto dominó ayudaría a que resonará la necesidad de un lugar equitativo para esta mujer, cualquiera que sea su condición. Es ¡persona!, dejó de ser objeto de decoración o de servicio. La igualdad, en el mismo terreno, en el mismo escenario, en el mismo contexto. Cuántos foros, cuántas organizaciones, cuántos simposios, siguen desconociendo a la mujer. La revista Semana, por ejemplo, rectificó, cambió, y ahora en su Premio de Excelencia, ya existen candidatas mujeres. Quién lo creyera, en la primera convocatoria, no existieron mujeres colombianas que calificaran para excelentes. Y qué tal la Iglesia Católica que no le da aún su lugar: no está a la altura de los sacerdotes y mucho menos del Papa.

Entonces, ayudar a caer en cuenta sobre la necesidad de la equidad es tarea obligatoria, casi obsesiva. Si cada día uno, dos o miles de personas, dejan de ver ‘natural’ la discriminación, si caen en cuenta de qué manera tan sutil se da el desequilibrio, ayudaría a generar mentalidad de respeto y cambio. La exclusión en cualquier escenario produce distancia, aislamiento, resuena en muchos espacios para los que todavía es normal el atropello, el abuso, el desconocimiento. Hay que dejar de verlo natural, estar con las antenas puestas, cuestionar, analizar, mostrar. La mujer no es invisible. En la intimidad de los hogares, en las empresas, en lo cotidiano, en la política, la discriminación sigue tan campante como hace 50 años. Tal vez la mayor diferencia está en que ahora se puede mostrar. Pero el cambio donde se valora a la mujer está muy lejos de darse… para muestra los ejemplos, hasta de organizadores de un simposio sobre cáncer del seno…

Tomado de: http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/gloria-h/mujer-invisible-0

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