Nos Gusta

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo." target="_blank">Por Alejo Vargas Velásquez* Publicado el 22 de junio de 2014 - El Colombiano

Muchos académicos coinciden en señalar que uno de los problemas históricos que hemos tenido en la construcción de nuestro Estado Nacional ha sido la débil identidad nacional de los colombianos que nos haga sentir parte de un proyecto común, compartir un "nosotros" que simultáneamente nos una y nos diferencia de "los otros". Por el contrario, se afirma que existe fuerte identidad regional, producto de nuestra historia y que se logró más fácilmente construir "mitos fundacionales" de tipo identitario a nivel regional; por eso, se dice, acá somos primero costeños que colombianos o paisas que colombianos o santandereanos que colombianos; es decir, a nivel regional hay fuertes identidades pero contrariamente una débil identidad nacional. Y en esto parece haber mucho de razón.

Por ello cuando se producen hechos relevantes y positivos, por ejemplo en lo deportivo, se tiende a manifestar momentáneamente un cierto elemento de unidad nacional. El resultado deportivo exitoso de nuestra Selección Colombia de fútbol, que a la mayoría nos entusiasma, aparece como un punto importante de coincidencia, de unidad nacional -pero hay que decir es por los triunfos, porque si fueran derrotas es probable que un sector mayoritario descalificaría inmediatamente a los deportistas y su equipo técnico-. Lástima que solo sea algo de tipo transitorio, muy importante sí, como el desempeño de nuestros muchachos futbolistas, y no tengamos igualmente otros referentes de identidad y orgullo nacional. Eso explica por qué no somos lo suficientemente unidos para enorgullecernos de resultados en otros campos, porque otras pasiones, especialmente las políticas, tienden a dividirnos.

Pero, adicionalmente, es muy preocupante que la manifestación a flor de piel para celebrar esos triunfos deportivos pase por el uso recurrente de prácticas de violencia. Eso significa que tenemos muy incorporado a nuestro comportamiento las reacciones violentas, esa cultura intolerante y violenta que está todo el tiempo buscando eliminar al otro, así sea simbólicamente. En la primera mitad del siglo anterior era por razones del sectarismo bipartidista, los liberales consideraban a los conservadores -o godos, como los llamaban despectivamente- como ajenos a la nación y en esa medida lo que se deseaba era su desaparición y en forma similar sucedía con los conservadores frente a los liberales -llamados peyorativamente cachiporros-, luego va a ser con los llamados "comunistas", durante la guerra fría, que eran todos los que tenían ideas, opiniones o prácticas consideradas como distintas y amenazantes para la democracia liberal; paradójicamente no parecen diferenciarse mucho esas actitudes o comportamientos a los que vemos hoy día cuando una persona por tener una camiseta verde, roja, azul, o emblemática de cualquier equipo de fútbol es agredida y en ocasiones eliminada por los otros. En todo ese tipo de comportamientos están las raíces para entender por qué desafortunadamente lo que debería ser una celebración de un triunfo de nuestros deportistas se convierta en una razón para agredir y aún eliminar a los otros.

Parece ser ese extraño espíritu impositivo y autoritario que llevamos dentro que nos empuja a considerarnos siempre portadores de la "verdad revelada", que no admite fácilmente los matices, que quiere ver siempre la realidad de manera simplificada como un enfrentamiento de mis amigos con los enemigos -enemigo es el que no piensa igual, a quien satanizo y estigmatizo para debilitarlo en sus argumentos- esa actitud es preocupante porque en el fondo pregona el deseo por una sociedad donde todos piensen y actúen igualmente y donde la diversidad y la diferencia se rechazan; contra ese tipo de actitudes es necesario desarrollar prácticas educativas y también medidas correctivas.

Pero, especialmente, debemos buscar elementos de unidad como país y como nación, una nación en la cual quepamos todos con las diferencias; debemos buscar esos elementos de identidad en la construcción de una democracia moderna, incluyente, eliminando el uso de la violencia de las relaciones sociales, con una economía dinámica que genere trabajo para todos y donde un pilar central sea una educación de calidad e incluyente como elemento básico de la integración social y, por supuesto, trabajar mucho en una cultura del respeto por el otro y donde la vida sea sagrada. Una sociedad en la cual los triunfos deportivos sean un motivo para reforzar la unidad nacional y de ninguna manera una justificación para sacar a flote lo peor de la condición humana.

* Profesor Universidad Nacional           Twitter: @alejovargasve

 

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