Mujeres que hacen historia

Mujeres,féminas, guerreras, políticas, científicas, intelectuales, escritoras, pintoras, campesinas, obreras, amas de casa, trabajadoras independientes, empleadas, rebuscadoras; de todos los colores, indígenas, negras, blancas y la gran mayoría mezclas históricamente mezcladas; todas luchadoras, andariegas,… Desde el origen de la humanidad hay mujeres, la mitad de ella, y junto a la otra mitad, en el desarrollo y formación de la sociedad; hemos hecho historia.

Escribo esta nota a propósito de una imagen que le dio la vuelta al mundo y que retumba en  mi mente con inusitada fuerza. En la foto, tres hombres blancos, perfectamente uniformados, mismo corte de cabello, con iguales e impecables camisas blancas y sus cuidadosamente anudadas corbatas negras, con similares miradas de odio al horizonte.


Al fondo un policía, de igual apariencia, aunque con distinto uniforme, del que no se entiende su rol específico y deja la duda de si los controla o los protege. Y frente a ellos, pero en sentido contrario, mirando hacia la izquierda, una mujer delgada, de menor estatura, con un gran bolso que luce algo desordenado, típico de aquellas mujeres que cumplen varios roles, las de trabajadoras, madres, activistas..., y que por lo general andan en su afán con sus objetos a cuestas. Su mirada un tanto hacia arriba, desafía los rostros de los tres hombres que pretenden no observarla. Allí está ella, mujer negra, con su puño en alto, anunciando que este mundo aún tiene memoria y dignidad, allí está nuestra heroína anónima,  María-Teresa "Tess" Asplund.

En el 71 aniversario de la Victoria, es decir, de la derrota del nazifascismo, resulta paradójico, aunque no inexplicable, la persistencia de organizaciones como el  Movimiento de Resistencia Nórdica, partido político neonazi al que pertenecen los 3 hombres retratados, que junto a 300 acompañantes (a quienes se les enfrentó María Teresa), desfilaban por las calles de Borlänge, un pueblo del centro de Suecia, agitando sus xenófobas consigas. Hoy reclaman la expulsión de inmigrantes de ese país europeo, así como la suspensión de la inmigración a Suecia de personas que no sean blancas.

El 8 y 9 de mayo, de 1945, el Ejército Rojo sella la derrota del fascismo, con la capitulación de Alemania en Berlín. Para el 25 de abril del mismo año,  ya los partisanos (guerrilla) comunistas junto al pueblo habían derrotado al fascismo en Italia. Gestas heroicas, que aunque no formen parte de la narración holiwodesca, persisten en la memoria de los pueblos.
Durante el ejercicio del poder del fascismo, las mujeres fueron especialmente violentadas y discriminadas bajo esta retardataria concepción del mundo, que no las considera como  sujetos, sino como incapaces de destacarse en lo laboral, o incluso de tomar las armas en un país en guerra, confinándolas al espacio “natural” de la crianza hijos, la iglesia y la cocina, subordinadas al padre hermanos y maridos.

Más dramáticas fueron su prácticas racistas, hablaban de la superioridad de los gobernantes, de la superioridad de la raza aria, los hombres eran superiores a las mujeres, los soldados a los civiles, los miembros del partido a los que no lo son, la propia nación a las demás, la más execrable discriminación elevada a modelo de sociedad y doctrina de Estado.

Pero hace más de 70 años, los nazis se llevaron una insuperable derrota, no solo  militar, sino moral, de sus tesis y creencias políticas. En el Ejército Rojo combatieron alrededor de un millón de mujeres, de igual a igual con los hombres. Testimonios  como los de Lyudmila Pavlichenko, la más grande francotiradora de la historia, o las “Brujas de la noche”, aviadoras soviéticas que sobrevolaban a ras, de forma temeraria para castigar a las tropas fascistas, o los frescos relatos de Svetlana Aleksievich premio Nobel de Literatura 2015, quien en su libro “La guerra no tiene rostro de mujer”, nos cuenta innumerables historias  de heroísmo, valentía y sufrimiento de esas mujeres que hicieron posible un mundo distinto, que contribuyeron al Día de la Victoria, la derrota de la, tal vez, más fuerte amenaza contra la humanidad hasta entonces.

Por supuesto, el racismo elevado a doctrina al servicio de los intereses más reaccionarios de la sociedad no era exclusivos de los arios europeos. Memorables eran en Colombia por aquellos mismos días los discursos de Laureano Gómez, Gilberto Alzate Avendaño, Juan Lozano y Lozano o Fernando Londoño y Londoño, emulando el nazifascismo en versión criolla. Agitaban en plazas y periódicos sus tesis contra las personas negras, mestizas, indígenas, campesinas, trabajadores y socialistas. Anunciaban en aquel entonces el corporativismo fascista como modelo de orden socioeconómico y estatal. Hoy sus herederos de sangre, ideas y mezquindad aún las agitan sin atisbo de vergüenza. Basta leer los escritos de Fernando Londoño Hoyos, Miguel Gómez Martínez o José Felix Laufourie sobre el tema.

No sobra recordar años recientes, donde un exmandatario, hinchaba el pecho agitando falsos nacionalismos, siempre al servicio de los poderosos, mientras regalaba el país entero a los intereses económicos y militares de potencias extranjeras con el impune pero decidido apoyo de las élites. Imitando a los máximos representantes de la horda nazi, criminalizaba cualquier expresión de descontento, encarcelaba a centenares de hombres y mujeres para sembrar el terror, responsable de engendrar los mal llamados falsos positivos, que no son otra cosa, que terrorismo de Estado. Son estos los rasgos de la amenaza que persiste contra la posibilidad de que en Colombia se construya una Paz justa, estable y duradera.

A 71 años de la Victoria, toda la valentía de esas mujeres que lucharon para alcanzar la derrota del fascismo, se encuentra presente en el negro puño en alto de María Teresa Asplund, justamente una colombiana de nacimiento, víctima del abandono en medio de la crisis socioeconómica de nuestro conflicto social y armado, fue adoptada por una familia sueca que no cree en el racismo. Ahí se ve llena de dignidad,  enfrentando a lo viejo que aún no ha terminado de partir, y dando vida a lo nuevo, que la historia aún no ha terminado de parir.

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A propósito de la Columnista

Victoria Sandino Palmera

Victoria Sandino Palmera

guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde mayo 2013.

@SandinoVictoria