Mujeres que hacen historia

Mujeres,féminas, guerreras, políticas, científicas, intelectuales, escritoras, pintoras, campesinas, obreras, amas de casa, trabajadoras independientes, empleadas, rebuscadoras; de todos los colores, indígenas, negras, blancas y la gran mayoría mezclas históricamente mezcladas; todas luchadoras, andariegas,… Desde el origen de la humanidad hay mujeres, la mitad de ella, y junto a la otra mitad, en el desarrollo y formación de la sociedad; hemos hecho historia.

Sirvientes apresurados por todo palacio llevando y trayendo ropas, comidas, bebidas, notas tal vez. Damas de compañía con muchachas nobles paseando por maravillosos jardines luciendo vestidos cargados de capas y capas de telas finas y encajes, que juegan a la perfección con un exceso de joyas y peinados estrambóticos. Entran y salen a caballo soldados, mensajeros, condes, varones, altos señores que vienen a reunirse en el consejo de nobles de Carlos V: Francia necesita renovaciones en política comercial, el campesinado no está contento y el ambiente se tensa con la actual regencia.

Envuelta en los avatares de la corte francesa crece Cristine de Pizán, había nacido en Venecia, pero su padre, médico, fue llamado por el rey. Allí bajo la mirada de su papá pasa horas en la biblioteca real, él sabe cuán importante es la educación y el conocimiento, por esta razón no la separa del saber.

Cristine escribió varios libros y poemas, algunos de ellos son La ciudad de las damas, Dicho de la rosa, El libro de las tres virtudes, entre muchos otros.

De Pizán sabía muy bien que el mundo  intelectual pertenecía a los hombres, y sentía mucho respeto por algunos grandes intelectuales de la época, pero no compartía las ideas que los mismos tenían sobre las mujeres. Además defendía la importancia de que las mujeres accedieran al conocimiento.

Casada a los quince años, enviudó a los veinticinco, y tuvo que hacerse cargo de sus hijos ella sola, a los cuales los mantuvo con su escritura.

Como respuesta a la obra de Jean de Meung, El Roman de la rosa, inició la “Querella del Roman de la Rosa”, en la cual denunció la imagen negativa de la mujer que allí se reflejó, a esta denuncia se le unieron varias mujeres intelectuales de la época. Comenta de esta forma:“¡Qué no se me impute como locura, arrogancia o presunción al hecho de atreverme yo, una mujer, a responder y contradecir a un autor tan sutil cuando él, un hombre solo, se ha atrevido a difamar y a reprochar sin excepción a todo un sexo!”

En La ciudad de las mujeres, considerada su obra más importante, Cristine dibuja una ciudad ideal, en la cual las féminas toman decisiones, practican cualquier labor y gobiernan. Esta idea la encontramos posteriormente en la obra de la escritora y poeta nicaragüense del siglo XX Gioconda Belli en su novela: El país de las mujeres.

Hay un aspecto en la obra de Cristine bien interesante y son las miniaturas que aparecen en sus libros. La importancia que le confirió a lo gráfico, impresionó a todo el  que consultó sus libros.

Observar a Cristine entre libros, o imágenes de guerreras como Juana de Arco, o tal vez ver a mujeres desempeñando oficios poco comunes para la época, como albañilería, por ejemplo, transmite un mensaje rápido y claro.

El hecho de que las mujeres viesen otros referentes de vida, fuera de lo convencional, y se cuestionaran, es una consecuencia de la carga simbólica que bien podrían transmitir estas imágenes.

En el año 1411 se traslada al convento de Poissy junto a su hija. Allí muere con sesenta y seis años.

Sus libros son motivo de lectura puesto que ilustran las preocupaciones  y exigencias que no sólo eran de Cristine, sino también de otras mujeres intelectuales de la época. Por otra parte las  miniaturas y su intencionalidad son todavía un campo abierto al análisis y la relectura.

Cristine le confirió una importancia central a la educación, este es un elemento que reivindica en toda su obra y que tampoco se puede perder de vista puesto que el conocimiento es un arma para la búsqueda de la igualdad, y esto De Pizán siempre lo tuvo claro.  

“Si  la  costumbre  fuera  mandar  a  las  niñas  a  la  escuela  y  enseñarles  las ciencias con método, como se hace con los niños, aprenderían y entenderían las dificultades y sutilezas de todas las artes y ciencias tan bien como ellos.”

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