Mujeres que hacen historia

Mujeres,féminas, guerreras, políticas, científicas, intelectuales, escritoras, pintoras, campesinas, obreras, amas de casa, trabajadoras independientes, empleadas, rebuscadoras; de todos los colores, indígenas, negras, blancas y la gran mayoría mezclas históricamente mezcladas; todas luchadoras, andariegas,… Desde el origen de la humanidad hay mujeres, la mitad de ella, y junto a la otra mitad, en el desarrollo y formación de la sociedad; hemos hecho historia.

Los ojos de Mónica Villegas cargan con la tristeza sembrada en las comunidades campesinas del municipio de Ituango, Antioquia, uno de los más asolados por los paramilitares de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso. En el mismo rostro, su sonrisa guarda el atractivo encanto de las jóvenes antioqueñas.

Desde los 10 años quería ingresar a las FARC y así se lo hizo saber a sus padres, quienes intentaron desalentarla contándole historias de otras familias en las que sus hijos se convirtieron en guerrilleros y no los habían vuelto a ver en muchos años, perdiéndolos para los trabajos domésticos y rompiendo lazos afectivos. “Eso es desgarrador para una madre”, escuchaba decir; entonces decidió mantener su deseo en secreto y no manifestárselo más a sus familiares.

Nacida en una vereda del municipio de Ituango, estando muy pequeña conoció los guerrilleros. Esporádicamente pasaban por su casa, a veces en grupos grandes y en otras veces pequeños, pero siempre llegaban de sorpresa y también como por encanto desaparecían, lo que le generaba curiosidad que no podía satisfacer a su temprana edad.  

Entre ellos, siempre iba algún muchacho de la región, del vecindario, que se había desaparecido un día cualquiera y después llegaba ya grande y fuerte, acompañado de otros y con un comportamiento diferente del de las personas civiles. Más serio, discreto, maduro y tenido en consideración por los moradores de la vereda. Pero más le llamaban la atención las guerrilleras a las que veía lucir uniformes, portar armas y asumir actividades y autoridad igual que los hombres.

A hurtadillas escuchaba conversar a los mayores en voz baja, con aire de misterio, lo que le acrecentaba la curiosidad. Oía que esos jóvenes conocidos eran los que enfrentaban en los combates a los paramilitares y al ejército cuando llegaban a los caseríos a asesinar a personas buenas reconocidas en la región, a masacrarlos y expulsarlos para quedarse con las tierras.  De nuevo sintió ganas de ser guerrillera.

El deseo de ingresar a la guerrilla la carcomía por dentro, pero sabía que no la recibirían por niña; entonces se prometió que cuando cumpliera los trece años se les uniría. Después de haberlos cumplido, a los pocos meses, pasó una comisión de guerrilleros y cuando se acercaba la noche, Mónica se escondió a vigilar por donde se irían para unírseles. Cuando el encargado de la comisión le dijo que no la recibía por no tener la edad, ella mintió diciendo que tenía 15 años.

Pasaron varios días para darse cuenta que era una comisión del ELN y no de las FARC. No se había imaginado cómo era la cotidianidad de la vida guerrillera; siendo todavía una niña, tuvo grandes dificultades para adaptarse, razón por la cual el mando guerrillero la devolvió para la casa. Allí, con su madre, siguió cultivando el sueño de pertenecer a las FARC, pero sabía que solo la recibirían cuando cumpliera los 15 años. Esperó con paciencia y ya un poco más madura, al cumplirlos, se incorporó a una comisión en la que andaba un familiar suyo.
 
En las FARC completó 13 años, en los cuales le ha tocado asumir diferentes responsabilidades y misiones, entre ellas combatir contra el ejército en muchas ocasiones en el norte de Antioquia. Pero el día que se sintió guerrillera de verdad, que la invadió la sensación de haber logrado sus aspiraciones, aunque era un impulso inconsciente, fue cuando el combate contra los paramilitares en Santa Rita. Estimó que había hecho justicia por sus primos, por los padres y hermanos de guerrilleros y guerrilleras a quienes los paras asesinaron en masacres; y por la muerte de mucha gente humilde de la región.

Como todas las guerrilleras y guerrilleros de las FARC, anhela que los Diálogos de La Habana lleguen a feliz término, y se está preparando políticamente para asumir los nuevos roles que le esperan a los combatientes en un escenario de pos acuerdo. Le dedicaría más tiempo a fortalecer los lazos afectivos con su hija adolecente y sueña con estudiar medicina, carrera que le gusta y de la cual tiene recorrido un trecho, ya que es una de las enfermeras mejor formadas del Bloque Efraín Guzmán.

Pero como sabe que no es fácil concertar con el gobierno de Santos un acuerdo que satisfaga las aspiraciones de los sectores más desfavorecidos de la nación, también está preparada para seguir asumiendo la confrontación, si fuere a necesario.

“Así se recrudezca otra vez la confrontación, seguiremos batallando por la solución política”, anuncia con su sonrisa de paz y sus ojos de guerra.
 

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