Mujeres que hacen historia

Mujeres,féminas, guerreras, políticas, científicas, intelectuales, escritoras, pintoras, campesinas, obreras, amas de casa, trabajadoras independientes, empleadas, rebuscadoras; de todos los colores, indígenas, negras, blancas y la gran mayoría mezclas históricamente mezcladas; todas luchadoras, andariegas,… Desde el origen de la humanidad hay mujeres, la mitad de ella, y junto a la otra mitad, en el desarrollo y formación de la sociedad; hemos hecho historia.

Valentina

Hace dos semanas, tal y como lo hago cada año, reviví en mi memoria el asalto del año 2009 en el páramo, donde la X Brigada mató a quemarropa a 16 combatientes del Frente Antonio Nariño. Siempre recuerdo la fecha, no por ser sobreviviente, sino porque allí la crueldad de la guerra desigual se tomó el Sumapaz.

Todos los y las camaradas que allí murieron, merecen un homenaje, porque dieron su vida por la causa revolucionaria; pero en esta ocasión únicamente voy referirme a una de mis grandes amigas. No pretendo hacer una biografía, ni una crónica; tan solo quiero escribir sobre una mujer revolucionaria, inteligente, joven y sobre todo muy valiente, de allí su nombre: Valentina, a la cual rememoro en esta fecha, siempre reflexionando sobre el papel que estaría cumpliendo si el régimen no la hubiera asesinado; la imagino derrochando su capacidad en función del Proceso de Paz, aportando desde sus particularidades al ideario de reconstruir este país; pero lo concreto es que nada puede hacerse ante su desaparición física y hoy nos queda reivindicarla y seguir su ejemplo libertario.

Con Valentina llegamos a las filas de las FARC-EP juntas, éramos “compinches” desde la adolescencia en Bogotá, habíamos compartido militancia política, convicciones y vida social que se expresaba en mucha rumba. De manera cariñosa le decíamos “La mona”, porque era rubia, rubia como el personaje de Andrés Caicedo. Pasó de ser maestra de preescolar a ser guerrillera, de allí su vocación de enseñanza, fueron muchos los y las camaradas que aprendieron a leer con semejante maestra, apasionada por la educación, no se cansaba de cuestionar el sistema educativo de Colombia, por sus deficiencias en calidad, pero sobre todo por su falta de cobertura; siempre se conmovía al ver los niños y niñas de las áreas rurales tener que recorrer horas enteras a pie o en mula, con hambre, sin zapatos, bajo la lluvia para llegar a la escuela; estas situaciones la indignaban, entonces citaba a Bolívar en nombre de combatir la ignorancia.

Tenía tantas pecas, como admiradores; pero termino por enamorarse de dos maravillosos hombres, al mismo tiempo, lo cual le genero profundas confusiones que al final terminó resolviendo con una firme postura política y ética que la liberaba de prejuicios morales. Ella era tan amorosa que en sus más íntimos afectos estaban los dos compañeros, que la amaban pero que jamás la entendieron, ni supieron sortear esta situación. Estos sentimientos eran socialmente muy cuestionados y constantemente muchas personas le aconsejaban decidir. En el año 2007, en medio de un asalto y rodeada de soldados, combatió y logro retirarse; luego confesó que en esos duros momentos pensó en sus dos grandes amores, y que eso la hacía reafirmar que ambos eran los dueños de su corazón, estos sentimientos se mantendrían hasta su muerte.

Valentina se especializó en odontología, aprendió en la escuela fariana, su entera dedicación a esta tarea la hizo convertirse rápidamente en destacada dentista, favorecía por su rigurosidad con el orden y la limpieza; por lo cual, tanto sus procedimientos dentales como su consultorio eran impecables. Además, su interés por consultar libros y aprender, la hicieron dominar esta ciencia con tanta propiedad que se convertiría en una odontóloga profesional fariana, lo que implica curar dientes en medio de operativos militares y con recursos técnicos limitados, algo que es doblemente valorable.

Cuando la recuerdo, evocó los tiempos de escuchar Luís Eduardo Aute, su cantante favorito, leer juntas: “La montaña es algo más que una inmensa estepa Verde” del guerrilleros sandinista nicaragüense Omar Cabezas Lacayo, e identificarnos con muchas de las situaciones del protagonista. La traigo a la memoria curándose las ampollas de los pies luego de una larga jornada de marcha por la selva, con su equipo de campaña y fúsil absolutamente pulcros.

El último periodo de su vida lo pasamos en los páramos de Cundinamarca, desde donde en las noches veíamos el resplandor de Bogotá, la sentíamos tan cerca; pero ya no nos pensábamos en el pasado de jóvenes, por sus parques y centros culturales; ahora, a pocos kilómetros de la capital, pensábamos en las FARC-EP haciendo presencia en sus calles, soñábamos con las masas insurreccionadas y la toma del poder para el pueblo.

En un medio tan difícil, con una temperatura bajo 0 grados, dormíamos juntas, nos abrigábamos la una a la otra, y compartíamos el saco de dormir; era particularmente grato llegar del servicio de guardia, en medio de la constante llovizna y encontrar el calor de su amistad. Aún en las condiciones más duras de orden público y de operatividad, Valentina mantenía su capacidad de bromear, era la reina de los chistes tontos; al tiempo que sabía mantenerse altiva y consecuente con sus principios.

La mona era de valores comunistas, proporcionaba lo que estaba a su alcance a los demás, comprendía que la camaradería es algo más que una simple palabra y está cimentada en el respeto, la fraternidad y la solidaridad; ella supo siempre señalarme críticamente y con sinceridad mis fallas, por lo cual le estoy eternamente muy agradecida. Era una verdadera amiga.

Valentina, con su figura menuda y aparente frágil subió montañas muy altas, recorrió los senderos que sabemos nos conducirán a la Victoria. Esa mañana del 27 de febrero al verse frente al enemigo combatió como toda una guerrera hasta el final. Hasta donde supe la patrulla que nos asaltó, la capturó y vilmente la mataron, tal y como hicieron con la Comandante Mariana Páez. Quizás conozca mejor la historia uno de los generales que vienen a La Habana, aunque dudo que de ser así, quisiera contárnosla.

Siempre he pensado que lo más doloroso de ser guerrillera es enfrentar el dolor de ver las compañeras y los compañeros morir; pero esa situación la enfrentamos con valor, porque sabemos que las causas que nos motivan para luchar son justas y legítimas bajo este sistema explotador. Nuestro carácter humanista hace que entre nosotros se tejan lazos que ni la muerte puede romper, estamos hermanados para siempre en esta lucha por la vida.

La historia de Valentina al igual que las de muchas otras camaradas, son el legado dual de sacrificio y alegría necesarios para construir la Nueva Colombia, su caída no será en vano y pienso que más que morir, ella y los otros 15 camaradas que cayeron ese día: “se tomaron el cielo por asalto...”; como diría Marx en otro contexto.

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A propósito de la Columnista

Isabela Sanroque

Isabela Sanroque

Guerrillera del Bloque Jorge Briceño, integrante de la delegación de Paz de las FARC-EP.