Mujeres que hacen historia

Mujeres,féminas, guerreras, políticas, científicas, intelectuales, escritoras, pintoras, campesinas, obreras, amas de casa, trabajadoras independientes, empleadas, rebuscadoras; de todos los colores, indígenas, negras, blancas y la gran mayoría mezclas históricamente mezcladas; todas luchadoras, andariegas,… Desde el origen de la humanidad hay mujeres, la mitad de ella, y junto a la otra mitad, en el desarrollo y formación de la sociedad; hemos hecho historia.

Marzo, mes de la mujer trabajadora

Mariana pasó del trabajo clandestino en la red urbana de las FARC, en Bogotá, a las órdenes del Camarada Jorge, el Mono, en las selvas del Guaviare. Le había sido imposible permanecer más tiempo en la capital del país. La represión cerraba el círculo sobre los integrantes del trabajo urbano y no había otra solución que refugiarse en las montañas. La ingeniera de alimentos que había crecido al calor de las luchas en el barrio Policarpa, se hacía ahora guerrillera.

Leyendo la prensa en días pasados me enteré de que una columna del Bloque Oriental lleva su nombre. Se trata de un homenaje a su memoria. También me cuentan que en el mismo Bloque muchas células del Partido se llaman así, que hay aulas, cursos, ingeniosas consignas referidas a ella. Todo muy meritorio y bonito. Pero nada de eso llena el vacío que dejó su ausencia. Preferiría que nada llevara su imagen, ni su nombre, a cambio de que estuviera viva entre nosotros.

Me contó que Iván Ríos le había preguntado por su apellido cuando fue designada miembro de la Comisión Temática de las FARC-EP en los calumniados diálogos del Caguán. No se había puesto ninguno, era simplemente Mariana. Entonces Iván le dijo que la gente de baja estatura, como él, debían ponerse apellidos cortos. Y le propuso que adoptara el Páez. A ella le pareció gracioso el apunte y se mostró de acuerdo. Su cuerpo era tan pequeño como grande era su alma.

Antes de su ingreso a la guerrilla había sido militante de la Juventud y el Partido Comunista, lo cual la llenaba de orgullo y satisfacción. El hecho de haber sido la primera mujer que ocupó un puesto en el equipo designado por el Estado Mayor Central de las FARC para los diálogos de paz, a la luz de los años, cuando un sin número de guerrilleras se desempeñan con destreza en la Delegación de Paz de La Habana, la convierte en una especie de pionera y referente para la acción.

Nada ni nadie lograron convencerla nunca de que era una mujer importante. En su opinión era una simple guerrillera de base, que desempeñaba con la mejor voluntad la misión o la responsabilidad que los mandos superiores le asignaban. Del mismo modo, pese a su procedencia urbana y a su constitución citadina, jamás pasó por su cabeza que no estuviera en condiciones físicas de desempeñar las mismas tareas que cualquier varón o compañera más fuerte en filas.

Por eso, cuando fue incluida en la tropa enviada a realizar la toma de Miraflores, marchó con tenacidad por entre la selva durante semanas, y cuando al regreso sufrió un accidente que le dejó un brazo fracturado, se sobrepuso a las dificultades para volver con todo el personal, reclamando con energía cada vez que el mando ordenaba alguna preferencia hacia ella. Igual obraba cuando marchó con la columna móvil Judith Rondón en el 2007 y Liliana, su mando, ordenaba ayudarla.

Así era ella. No me resulta extraño que el día del asalto del 27 de febrero de 2009, cuando en la madrugada el Ejército penetró al campamento del Frente Antonio Nariño, y los mandos dispusieron a toda prisa la evacuación, ella se negara a cumplir la orden de arrojar el equipo de su espalda para avanzar más aprisa. El ascenso era empinado y había fuego y explosiones a granel contra ellos. Era de quienes pensaban que aparecer luego sin equipo constituía una deshonra.

No era de las que temblara frente al enemigo. Primero por su valor y determinación. Pero también por sus profundas convicciones revolucionarias. Leía mucho, política, economía, filosofía, pero no solía jactarse de ello ni pretendió nunca mostrarse superior a otros. Además gustaba de devorar novelas. En los días en que la conocí, leía una serie de Marcela Serrano, Nosotras que nos queremos tanto, Para que no me olvides, El albergue de las mujeres tristes, entre otras.

Si alguna cosa le gustaba era enseñar, transmitir parte de lo que sabía a otros. Por eso siempre fue una gran instructora. Aunque también gustaba mucho aprender de otros. Fijaba su mirada de ojos negros con mucha atención en cualquiera que considerara que decía algo nuevo o interesante. Detestaba los prejuicios, nunca se mostró partidaria de discriminar o menoscabar a otras personas, defendía con ardor que cada una de ellas poseía una dignidad y merecía un respeto.

También era la alegría en persona. Simpática, risueña, amiga de las bromas y el trato fraternal. Sabía mostrar confianza y ganársela con facilidad. Por eso se llevaba muy bien con guerrilleras y guerrilleros de todas las jerarquías. Precisa en comprender cada escenario en el que se ubicaba, asumía a cada momento la actitud y el comportamiento que merecía la ocasión. Podía ser solemne o informal, seria o juguetona, exigente o maternal, buena bailarina o recatada espectadora.

Marianita, la Nana como la llamaba yo con cariño, vino a perecer en el páramo de Sumapaz, en las goteras de la capital de la República, a los 45 años de edad. Creo que a quien menos debe atribuírsele responsabilidad por su muerte es a ella misma. Su disciplina partidaria y su adoctrinamiento militar le habían enseñado que las órdenes había que cumplirlas sin discusión. Pero estoy seguro que en su fuero interno sopesaba la suma de errores de sus mandos.

Parodiando a Gabriel García Márquez podríamos decir que los hechos que condujeron al fracaso del Frente Antonio Nariño en ese día fatal constituyen la crónica de una muerte anunciada. Que desgraciadamente nos privó de Mariana a todos, pero también de otros 15 guerrilleros que murieron con ella, más los detenidos y traidores de último momento. Nadie puede explicarse hoy por qué esa unidad se hallaba tan mal situada y su mando obraba de modo tan irresponsable.

La suma de los errores asombra cuando se los examina. Lacera el entendimiento, indigna la razón. Triste mérito se lleva el enemigo cuando su triunfo no es producto de su esfuerzo sino de la desidia de su rival. Sobre todo porque se sabe a ciencia cierta, por los sobrevivientes que lograron salir de la operación, que salvo unos pocos afortunados que fueron capturados con un mando presente, todos los tomados prisioneros por los soldados profesionales fueron fusilados en el acto.

Mariana Páez, mujer, revolucionaria, comunista, guerrillera, cuadro político con destacado porvenir, excelente hija, compañera fiel, madre ejemplar, camarada incomparable, amiga y consejera, con todos los honores levanto tu nombre y tu recuerdo hoy, Día Internacional de la Mujer, como ejemplo de vida y obra para todas las mujeres de Colombia y el mundo. Cuánto perdió tu género con tu partida, no lo imaginan. Mujeres e historias para no olvidar.

Montañas de Colombia, 8 de marzo de 2015.


Mujeres para recordar (V)

Tomado de http://farc-ep.co página oficial del Secretariado Nacional de las FARC-EP

MUJERES QUE HACEN HISTORIA: Mariana Páez http://mujerfariana.org/index.php/heroinas/68-mariana-paez

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