Cuentos, Crónicas y poesía

Me la encontré en un oscuro salón de universidad. Yo en mis ansias de hacer, ella en sus ansias de continuar. La felicidad que me inspiro encontrarla no tiene dimensiones. La vi como siempre morada y mirando fijo a los ojos.

Yo tenía un papel impreso con mis ideas, ella en cambio me dio un libro para que empezáramos a estudiar. Siempre llegaba con cigarrillo y terminábamos con cerveza, tarde muy tarde.

Un reto para mi verla, pues debía pensar, hacer y cumplir para que nuestro trabajo funcionara. Sin duda me enseño muchas cosas de las que hoy me hacen estar aquí.

Natalia tenía dos cosas que seguramente nadie olvidara: Era feminista y revolucionaria donde quiera que llegara. Compartimos un tatuaje que nos hacía reír y llorar, todo al tiempo.

Ese día para mí nació esta molestosa porque me hizo entender que la incomodidad es una cualidad necesaria para lo que hacemos, que gritar también es arreglar problemas, que desahogarnos con el lápiz es un buen psicólogo.

Esta vieja no se va, esta vieja se queda con la alegría y el amor que dio para unirnos. Con la inteligencia y poesía que trajo a este país. Estoy convencida de que una luz diaria nos va a iluminar la trinchera, te amamos inmensamente.

“Mujer, semilla, fruto, flor camino,

Pensar es altamente femenino.

Hay en tu pecho dos manantiales,

Fusiles blancos, y no anuncios comerciales”

Canción mujer, Amparo Ochoa.

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