Cuentos, Crónicas y poesía

 -¡Vámonos Sonia que nos van a matar!, ¡vámonos, ya no hay  nada que hacer! gritaba Mario con angustia mientras disparaba ráfagas de su Galil calibre 2.23, contra el nutrido fuego de los soldados apostados en la montaña.

-¡Que no, hasta que no lo saquemos, no nos vamos! –respondió Sonia, la comandante del grupo. -De aquí nos vamos con Julio, sea como sea- reafirmó la guerrillera con entereza.

 Continuaba el combate entre una patrulla del ejército: 20 soldados, y las cuatro unidades guerrilleras bajo el mando de Sonia.

El Paisa, con 50 combatientes, esperaba al ejército que se aproximaba por el poblado de Rovira, en El Pato, área límite de la Zona de Despeje, en el Departamento del Huila.

El comandante Oscar, como se llama El Paisa,  mandó a Sonia con 4 unidades más a cubrir una carretera, al otro lado de la cordillera, con la orden expresa de no dejar pasar al ejército.

Iban en un Lada Niva de dos puertas. Manejaba Julio, experimentado en la lucha y joven guerrillero. A su lado, como copiloto, iba Sonia, y en la parte de atrás Rubiela, Esteban y Gonzalo, todos, integrantes de la Columna Teófilo Forero, que opera en las áreas de los Departamentos del Huila y Caquetá, al sur del país.

No alcanzaron a llegar al lugar asignado por El Paisa. En una curva de la carretera estaba emboscada una patrulla del ejército. Los soldados dejaron acercar el pequeño carro. Cuando ya estaban dentro de los límites de la emboscada, a punto de disparar, Sonia alcanzó a ver el fusil del soldado que le dispararía. Ella reaccionó primero, le ganó en disparar, a la vez que abrió la puerta y se lanzó a la carretera. Daba órdenes: -¡Abajo todos! ¡Mario, a la derecha! ¡Rubiela, aquí conmigo! ¡Julio, cubre la izquierda con Gonzalo!

Se escuchan gritos, disparos, ráfagas, explosiones de granadas…

–¡Sonia, le dieron a Julio! ¡No puede salir del carro: lo mataron! -gritaba Gonzalo-… -¡no, está vivo, sí está vivo!- Gonzalo se percata al correr a cubrir el lugar indicado por su jefa, que Julio ni siquiera salió del vehículo, nota que está herido, pero no logra ayudarlo porque el ejército tiene concentrado el fuego en el carro, y el conductor está atrapado entre el timón y el asiento.

-¿Qué ocurre Gonzalo?- pregunta la joven comandante- ¿está vivo o no?

-Está herido, no puede salir del carro, camarada, indica Gonzalo. Y la cosa esta fea, parece que le rompieron la columna, no se puede mover, camarada…

-¡Vamos a sacarlo, si está vivo lo sacamos!,- ordena Sonia.

-¡Pero Sonia, nos van a matar a todos!

Se escucha una explosión que desaloja del lugar donde se protegen la comandante y Rubiela. Reina un silencio torturante.

Mario comienza a pensar que mataron a Sonia porque no se escucha nada y perdió de vista a las guerrilleras.

Sin embargo, mira con detenimiento un morrito. Algo se mueve…de pronto asoma algo que parece ser la hebilla de su jefa. Al fin aparece su cabeza. Tiene la cara y el pelo empolvados, en medio de la tragedia da risa, porque los pelos no solo tienen polvo, se le cayó la gorra y se nota una maraña. Pero ella siempre con una linda sonrisa en su rostro le hace una señal que le indica a Mario que se aproxime al carro por la parte izquierda, pero atrás. El guerrero entiende la idea de su jefa.

Comienza la maniobra. Mario, sigilosamente avanza. Gonzalo nota lo que quieren hacer: llegar al carro para ayudar a Julio, y hace lo mismo, va poco a poco avanzando; Rubiela está cubriendo a Mario, ella ve a los militares amontonados; pero de pronto, se prende la balacera de nuevo, los soldados, al ver que aún están vivos, arremeten contra el carro y contra el morrito donde está Sonia: ya saben que es ella la que manda.  Rubiela aprovecha la montonera de soldados y dispara, se crea una confusión momentánea que le permite a Mario avanzar hasta la puerta donde está Julio: lo ve intentando salir.

Mario observa lo complicado que es moverlo, pues las heridas son en la espalda: dos ráfagas le atravesaron; se ven los huesos de la columna, la imagen es terrible y Julio intenta salir. Pero a cada movimiento grita de dolor; además, el fusil se enredó con el timón y el guerrero no quiere soltar su arma. La balacera no para, mientras tanto Gonzalo, Rubiela y Sonia se baten casi cuerpo a cuerpo con los soldados que pretenden cercarlos. Están muy cerca, y logran herir unos cuantos, bajo la presión del fuego nutrido de los combatientes farianos.

-¡Mario, saca a Julio!, grita la jefa.

-¡Vámonos, Sonia, que nos van a matar! ¡Vámonos, ya no hay nada que hacer! Julio murió, grita Mario.

-¡Hey, hermano, no, yo estoy vivo! ¡No puedo salir, ayúdame! -le dice Julio a su camarada, que lo mira con horror porque pensó que estaba muerto. No sabe cómo sacarlo en medio del fuego cerrado y herido en la espalda.

-¡Hasta que no lo saquemos, no nos vamos! –dijo Sonia–. ¡Gonzalo, cubre a Mario!, ordena ella. Rubiela sigue disparando, pero ya no ráfagas, solo tiro a tiro, apuntando bien si alguien alza la cabeza. Del lado del enemigo merma el volumen de fuego.

Con gran esfuerzo, Mario logra sacar a Julio que comprueba que puede caminar. Las heridas se ven feas, se ven huesos, tendones, carne, pero puede caminar. Mario no se explica cómo el muchacho camina. Da dos pasos más y debe tenderse, porque de nuevo se prende la balacera.

Explota una granada que cae en el carro. Julio queda tapado de tierra y se arrastra hacia el monte mientras Mario lo cubre con ráfagas. Rubiela se va acercando a Julio ante la señal de su jefa, que ya ha tomado puesto y puede controlar la situación. Los soldados tienen muchos heridos, al parecer se confiaron por ver al grupo tan pequeño y dieron blanco fácil. No contaban con el arrojo y valentía de los 5 guerrilleros, bajo el mando de esa muchacha.

Al poco tiempo, estaban protegidos por la montaña, se escuchaban los helicópteros a lo lejos, pero sabían que no era con ellos, pues al otro lado del filo estaba El Paisa, peleando. Les dio tiempo de ubicarse en un lugar más seguro y realizar la llamada por el boqui toqui al Paisa.

Llegó una escuadra para cargar en una camilla improvisada a Julio y llevarlo al hospital. Allí Mauricio y su equipo médico le dieron los auxilios necesarios.

-Camarada Raúl Reyes, ese día volví a nacer, gracias a la insistencia de Sonia me sacaron y aquí estoy, vivo, dispuesto a seguir en la lucha por la nueva Colombia, la Patria Grande y el Socialismo.

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A propósito de la Columnista

Candelaria Viva

Candelaria Viva

Guerrillera de las FARC-EP