Cuentos, Crónicas y poesía

-¡Te dije que enterraras bien los huesos! ¡No lo hiciste!, ¿cierto?
-Camarada, los metí debajo de una piedra… bien pesada… no pueden haberse salido de ahí, camarada…
-¡Fue lo primero que te dije, que los enterraras, no que los metieras debajo de las piedras!… ¡Claro que ellos no se salen pero huelennnnnnnnn!

El Paisa mandó a José a enterrar los huesos del pollo que acababan de almorzar, porque a lo lejos vio que se acercaban los soldados y había que organizar la emboscada antes que los descubrieran.

-José, ellos siempre cargan perros y no se puede dejar nada que los alerte- dijo El Paisa- eso tú lo sabes, ¿Por qué no los enterraste?

Las unidades de guerrilla con que estaba El Paisa eran apenas 15, entre ellos iba Olga, -Olguita como le decían todos los que la conocían, porque era muy pequeña y delgada, lo que la hacía ver aún más chiquita, media 1 metro 43 centímetros-. Los soldados eran muchos y patrullaban en grupos de 50, más o menos, aunque en la base que habían montado en el poblado de Guacamayas eran como 500. Todos soldados profesionales, Panches, como los conocíamos, con mucho entrenamiento, bien armados y sin escrúpulos a la hora de tratar a la gente: asesinos a sueldo.

El Paisa organizó la columna, uno a uno de los guerrilleros fueron asignados en un lugar; les explicó que si el enemigo avanzaba por donde ellos estaban a cada combatiente le correspondía un soldado, que apuntaran bien, que lo mantuvieran en la mira hasta que él diera la orden de disparar.

Olga estaba inquieta escuchando las orientaciones de su jefe, ella sentía que la iban a meter en la columna de combate como una más en  la pelea, pero no se sentía segura, nunca antes había estado tan cerca del enemigo ni mucho menos que la tuvieran entre el grupo de combate; y El Paisa no daba señales de ponerla en un lugar “seguro”.

- ¡Qué boba!-, se decía ella misma-, yo pensando en un lugar seguro en medio de tremenda situación… ¡yo no sé de guerra! ¡Nunca he disparado un arma más que contra un palo, en los pocos entrenamientos, no contra una persona, que además está armada!-.Y El Paisa ni señas, no  miraba a Olga para al menos ver su cara de angustia, ni para decirle: -Tú, vete para ese lado lejos y métete detrás de ese árbol hasta que pase la pelea-. Nada, el hombre seguía dando orientaciones sin inmutarse.

revolver calibre 22Rubín, el compañero de Olga, también estaba inquieto: - ¿Será que El Paisa no se acuerda que ella está ahí?, ¿que no sabe de peleas?, ¿que solo tiene un revolver 32 recortado?
-¡Olga párate en este lugar, atrinchérate y apunta bien! ¡Yo veré, cuento contigo!

-Pero Paisa,- dice Rubín- ¿con ese revolver va a pelear? Yo tengo además de mi fusil una pistola Browining 9mm, ¿se la paso?pistola Browining 9mm
-Claro que no, mi hermano, ese revolver es su arma de dotación, y con esa debe pelear.
-Pero Paisa, ¡ella no sabe combatir!
-Nada, ella va a pelear y con su dotación. ¿Y cómo aprendimos todos?,  ¿no fue metiéndonos en la candela? ¿Por qué desconfías de ella?
-No es que desconfíe, pero los que vienen son Panches…

El Paisa acabó la discusión, ubicó a Rubín al otro extremo de donde estaba Olga. No solo los dos combatientes estaban preocupados, los demás también. Lo que se venía era una pelea fuerte y era la primera vez que combatirían con una muchacha a su lado.

-Ulises ven acá -indicó El Paisa-, tu misión es cuidar a Olga, en caso que veas que se paraliza o no es capaz de pelear, la sacas; pero antes déjala que pruebe, ella va aprendiendo poco a poco. Sé que con ese revolver no hace mucho, pero debemos aprender a pelear con lo que tenemos, como lo hicieron los anteriores: en Marquetalia, Río Chiquito, Villa Rica… en toda la historia de las FARC. ¡Así que pilas mi hermano, no me la vayas a dejar sola!

Ni Olga ni Rubín sabían de esto. Los nervios los consumían. Ella sudaba, pero comenzó a pensar que le tocaba. No había nada que hacer, el ejército ya se alcanzaba a ver.
-¡A sus puestos!- dice El Paisa.

Efectivamente el perro de los Panches olfateó los huesos y comenzó a ladrar. Voz de alerta en las filas enemigas. Se apartan inmediatamente y,- como esperaba El Paisa, por la forma del terreno-, los Panches se abren en cortina y en posición de combate, alertas, mirando a la montaña como queriendo sacar de entre las hojas de los árboles las caras de los combatientes farianos… Avanzan… lentamente…miran de un lado a otro…siguen avanzando.

El Paisa nada que da la orden de disparar. Los soldados cada vez más cerca, y nada, este Paisa no da la orden. Olga suda, logra poner en su mira, en esa diminuta mira del revólver, a un soldado.

 -¿Este será el mío o el de Joaquín que está a mi lado?, no, este debe ser el mío, ¡madre mía!, yo dejo este, que ya lo tengo en la mira, como dijo El Paisa. ¡Pero carajo!, ¿cuándo va a dar la orden?

Y los soldados cada vez más cerca, tanto sería que Fermín, que era el segundo al mando, y un guerrero valiente, le pregunta al Paisa: -¿Ya? ¡Están muy cerca, hermano!  Y El Paisa dice -No, hasta más cerquita-.

Hay tensión en todos los combatientes. Rubín tiene enfocado al suyo, pero no deja de pensar en su compañera. Le parece un tanto irresponsable la actitud del Paisa, -¿y si la matan?-.
Olga sigue mirando a su soldado por su mira. De pronto se entrecruzan sus miradas –Carajo me vio, ¡Ay Dios mío, me vio y aun no dan la orden!. El Panche mantuvo la mirada con la de Olga.

- ¿Será que me vio? ¡Y este maldito Paisa no da la orden! El soldado sigue en guardia, Olga lo mira con más atención, es un hombre grande, moreno, sus ojos son cafés y ella siente que la mira, que la pilló, que va a dispararle… el soldado cambia de lado su mirada. –¡Mierda, no me vio!, esos son mis nervios. ¿Será mi cobardía? No, no soy cobarde, al fin y al cabo estoy aquí, muerta de miedo, pero estoy… Pero Paisa, ¿Cuándo piensa dar la maldita orden?-.

Siguen subiendo los soldados, se les ven las caras bien claritas, pintadas como camuflados; se ve hasta el sudor en su frente y mejillas. De pronto, se escucha la orden de disparar, y se arma la balacera.

Olga dispara pero deja el dedo en la misma posición después del tiro, y no es capaz de reaccionar. Entra en pánico. –¡No puedo!, ¡no puedo!, esta cosa no funciona. Los chulos disparan ráfagas, se siente las granadas, el humo, el olor a pólvora, los gritos… -¿Qué hago? Ulises se da cuenta que ella no ha vuelto a disparar y le grita, la empuja  -¡Dispara! ¡Suelta el dedo y vuelve a disparar!-. Ella reacciona y al fin su dedo responde: Vuelve a disparar. De ahí en adelante se foguea con su revolver 32 recortado. No sabe si le dio a algún chulo, lo que sí sabe es que se le acabaron las 6 balas. Con manos temblorosas logra recargar, y sigue disparando… otra recarga y continúa, dispara con más tranquilidad, ella siente, el olor a pólvora, escucha el zumbido de las balas muy cerca de su ser, pero sigue disparando.

El combate no fue muy largo porque a la primera descarga cayeron varios soldados. Estaban demasiado cerca. Cada guerrillero tenia uno en la mira así que lo único que pudieron hacer fue defenderse; los que intentaron atacar, fueron repelidos de inmediato, dieron la orden de retirada.

Gritos de alegría. Los guerrilleros recogieron varios fusiles, mientras los soldados arrastraron con sus muertos o heridos.

Rubín corrió a ver a su compañera. La encontró con una sonrisa de oreja a oreja, rodeada de los combatientes más cercanos que le preguntaban cómo se había sentido y le daban felicitaciones. El Paisa la miraba de lejos, contento de ver que Olga había logrado salir adelante en su primer combate.

Así, el Comandante Oscar había cumplido a las guerrilleras de su columna que, días antes, le reclamaron porque no las llevaba al combate. Él pensaba, como ellas no pedían ir en los grupos de pelea, no querían participar. Le dijeron: si somos combatientes de las FARC-EP, cumplimos con todas las normas de disciplina, de trabajo y de entrenamiento, ¿Por qué tenemos que pedir que nos lleven? Es un derecho y un deber de todos participar.

Al llegar al campamento, las demás mujeres interrogaron a Olga. Pidieron que les narrara su experiencia. Emocionadas escucharon los detalles. La felicitaron y sintieron que, con la acción de Olga, ellas serían tomadas en cuenta para las actividades militares.

Con esta acción se rompió el aislamiento de las mujeres de esta unidad guerrillera en el combate.

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A propósito de la Columnista

Candelaria Viva

Candelaria Viva

Guerrillera de las FARC-EP