Cuentos, Crónicas y poesía

— ¡Estoy embarazada! ¿Qué voy a hacer? —dijo Heidi, muy asustada, a Ofelia, su amiga e integrante del Estado Mayor del Frente.

El susto no era infundado. El comandante del Frente, Marino, dos días antes, había hablado en la asamblea del Frente en tono muy enérgico sobre el tema.

— ¡No vamos a permitir más embarazos en este frente! Además, es una determinación del Estado Mayor Central. ¡Las parejas que no se cuiden serán sancionadas con medidas muy drásticas!

Ella no quería tener ese bebé. Su ingreso reciente a la guerrilla y las nuevas tareas que le asignaron la preocupaban. Consciente que el embarazo en este momento de su vida era un problema y un obstáculo para su desarrollo como guerrillera, le dijo a Ofelia,—quiero abortar, no puedo tener este bebé y Norberto, el padre del niño, así lo debe entender.

Heidi le pide a Ofelia que la acompañe a decírselo a Marino —No soy capaz sola, me da mucho miedo- dijo. Sin pensarlo más, fueron a su caleta.

Sin mucho preámbulo, Ofelia se lo dijo a Marino: -camarada,  Heidi está embarazada-. Así no más, sin adornos, sin titubeos. Qué más da, no era ni el primer caso ni sería el último, pensaba Ofelia.

—¿Y por qué habla usted? Como siempre está de alcahueta de estas viejas — le contestó bravo el comandante y se rascó la cabeza. —¿Y qué proponen? —dijo Marino —porque como vienen las dos, supongo ya tienen una solución, ¿no?

—Ella quiere abortar. ¡Y por qué cuestiona mi actuación!, ¿qué tiene de malo brindarle apoyo a las mujeres?,  somos las que nos embarazamos, las que afrontamos las consecuencias ¿no?, y sí, ¡la embarraron, pero ya está el hecho! Estamos hablando de vidas, son dos combatientes y…

—Ya, ya—, dijo Marino, interrumpiendo a Ofelia… -¡Sé todos sus cuentos al respecto! Está bien- dijo el comandante ya más tranquilo—. —Y ¿qué piensa Heidi, qué propone? — el camarada la miró y la invitó a sentarse a su lado, le dijo: —Tome, límpiese los mocos, con este pañuelo, ¡me lo devuelve limpio!, ¿oyó? —dijo en tono serio pero amable. Ofelia continuaba ahí parada escuchando la conversación. Marino prosiguió dirigiéndose a Heidi.

—La misión que se le asignó ayer es muy importante, Heidi. Usted sabe la situación del frente, lo necesario de apersonarse de esos correos, usted es de confianza y llevar esas cartas al Secretariado no es tarea que se le dé a cualquiera, mucho menos a alguien tan nueva en filas… ¡No entiendo! ¿Por qué se embarazan tan pronto? ¡Usted está recién ingresada! ¿Y los anticonceptivos?

Ella le contó sobre las pastillas y también sobre los olvidos y seguro, uno de esos fue justo en el periodo de ovulación. El padre de la criatura en gestación estaba en misión y Marino esperaba su llegada para que la pareja definiera qué harían. Pero Heidi insistía en el aborto, no importaba si Norberto, su compañero, quería que lo tuviera.

—Bueno, tienen razón, hay que buscar soluciones –dijo el comandante. -Heidi debe hablar con Norberto ahora que venga. Y ustedes dos, salen mañana temprano para el Secretariado; pero de regreso de allá, van al médico, Ofelia la acompaña en todo el procedimiento.

Norberto quería seguir con el embarazo pero Heidi lo convenció de lo contrario, la realidad se impuso a sus sentimientos e instinto maternal; ella no podía, no quería, con 23 años y recién ingresada. Tenía planes en su vida guerrillera, aspiraciones. Y digan lo que digan, siempre la mujer debe responder, encargarse de los hijos, hasta salirse de la organización… no, no quería, simplemente no era el momento, no fue un embarazo planificado.          

Al otro día, las dos guerrilleras salieron a cumplir la misión. Pero no lograron llegar ni al primer pueblo, porque en el camino, había un retén permanente del ejército, y ahí estaba un guerrillero que dos meses antes habían capturado. El ejército le prometió su libertad si entregaba guerrilleros. Y él conocía a Ofelia.

Al llegar al retén, las bajaron del bus y a las mujeres las separaron de los hombres y las condujeron a un lugar de requisas con dos mujeres del ejército.

Ofelia esperaba su turno para la requisa. Desde lejos vio cuando Rubín la señalaba. Y sin pensarlo mucho, pidió permiso para ir al baño, y la dejaron ir. Picó una carta que llevaba en el bolsillo del pantalón y la lista de teléfonos y botó los papeles por un hueco que había en el baño donde estaba. Comenzó a repasar el plan y las orientaciones para la situación. Antes de salir de la ciudad acordaron con Heidi que si pasaba algo, no se conocían y se repartieron el dinero que les dio Marino, 30.000 pesos Heidi y 70.000 Ofelia. Pero no se percataron que los billetes estaban en serie.

Llegó el turno de la requisa a Ofelia, entró al salón que le indicaron y le encontraron el dinero. Luego entró Heidi y las relacionaron por el dinero. Las dejaron en el retén, pero ambas seguían diciendo que no se conocían.

Comenzó el interrogatorio a Ofelia… La amarraron con los brazos hacia atrás y la colgaron de un palo. Ofelia se dio cuenta que no sabían mucho sobre ella, lo suficiente para detenerla pero sin mucho detalle.

—No sé nada, no soy guerrillera y no conozco a esa otra muchacha.

Como Heidi tenía la idea fija que no se conocían, inventó su historia. Ella era de otro frente y se llamaba Maruja. Pero ¿cómo enterar a Ofelia de esta historia y enlazarla?, ¿por qué iban juntas y cómo justificar el dinero por la serie? Heidi no salía de su historia y Ofelia seguía diciendo que no la conocía. Buscaba con desespero conversar con Heidi antes de llegar a las torturas…

Nota: Esta historia continuará. ¿qué le espera a estas dos mujeres? ¿las torturarán, las matarán? en 15 días publicamos la segunda parte..

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A propósito de la Columnista

Candelaria Viva

Candelaria Viva

Guerrillera de las FARC-EP