Cuentos, Crónicas y poesía

Desde hace mucho tiempo, tal vez desde que surgió la poesía, siempre se le ha cantado a la mujer. Han sido ellas las que han inspirado el corazón de grandes autores, dando origen a innumerables  composiciones líricas, ninguna cultura ha escapado a reflejar sus experiencias amorosas en un poema o una canción.

Colombia no es la excepción, acá también se les canta a ellas y en muchos ritmos: Bambuco, Joropo, Baladas, Guasca, Ranchera, Vallenato y muchos más. Se le canta a la mujer que se marchó y nos dejó solos,  se le canta a la mujer que acabamos de conocer y nos ha cautivado el corazón, se le canta a la compañera, a la amante, a todas.

Pero la música, al igual que la sociedad, va evolucionando y con ello van surgiendo nuevas olas musicales que van degradando ese espíritu romántico de la poesía hecha canción y por el contrario, van llegando solo a mostrarlas como símbolo para atraer al público.

Como dicen los abuelos costeños, los tiempos de hoy ya no son como los de antes, cuando todos los muchachos cortejaban la niña más linda del barrio y conquistaban su corazón con versos y canciones, compuestos por ellos mismos; se contaban las historias de las travesuras hechas por ellos para poder verse con la chica, canciones como Sanjuanerita del maestro Hernando Marín, compuesta tal vez para esa muchachita de San Juan de la cual él en su tiempo estuvo enamorado y que se iba a bañar al río Cesar,  y dice el maestro:



Se queda celoso el río Cesar,
se queda celoso el río cesar,
cuando sale la Sanjuanerita,
sus aguas se baten en la orilla
pero el barranco las priva
de meterse hasta San Juan
sabe que ella acepta mis caricias
sus aguas tiemblan de ira
como mi sangre al amar…

Cuántos no hemos querido en algún momento expresar lo que sentimos por medio de una canción o un poema, a cuántos no nos ha tocado acudir a estos juglares para expresar sentimientos. Pero también las hay para los que sufren por la ausencia de ellas, como lo plasmó el Cacique de la Junta en aquella canción que escuchamos en la voz del Cachaco Jiménez  con el acordeón de Orangel ‘El Pangue’ Maestre, donde nos relata la tristeza del hombre enamorado cuando ella se marcha.


Así como llegó se fue
así como llegó se fue
la mujer de mi simpatía
quien después de tanta alegría
quien después de tanta alegría
me ha dejado sin saber por qué
pero yo no pierdo la fe
pero yo no pierdo la fe
de volverla a tener algún día…

Sin ti soy el florero aquel
sin ti soy el florero aquel
que en un tiempo vivía adornado
y el jardín de él lo abandonaron
y el jardín de él lo abandonaron
y ahora luce flor de papel
mi amor se marchita también
mi amor se marchita también
víctima de un cruel desengaño

Tienen razón los viejos: estos tiempos no son los de antes, ya el Vallenato dejó de mostrar esas experiencias, ya la música nos lleva por otros rumbos, ya no nos enseña a pensar, a reclamar. Son otros tiempos; ojalá regresaran.

Lo único que no cambia es el romanticismo en ellas, todavía les gusta que les dediquemos canciones, que les escribamos versos y que les regalemos flores.
 
 

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