Cuentos, Crónicas y poesía

A Jazmín le decían La Danta1 porque era una mujer muy grande. No le molestaba su apodo. Siempre estaba contenta, participaba con gran entusiasmo en los entrenamientos y las tareas del campamento. Cuando ingresó recibió el curso político militar que duró 20 días. Al terminar, tenía los codos llenos de cortadas.

Se las hizo con el pasto brachiaria ante las varias veces que le tocó avanzar por esos pastizales para llegar a los objetivos militares sin que los supuestos enemigos la descubrieran. Como era tan grande le tocaba más duro. El paso por los cercos de púas, o encontrar dónde esconder esa gran humanidad no era fácil. Aún así, logró terminar con buenos resultados pero con sus codos sangrantes.

Estudió hasta el 3er grado de bachillerato, en la capital del departamento del Meta, Villavicencio. Pertenecía a una familia campesina de medianas condiciones económicas pero arruinada por pérdidas en sus negocios, por lo que tuvieron que emigrar a zonas cocaleras. Fue por esas regiones donde conoció a la guerrilla, al poco tiempo ingresó. Contaba con 18 años aproximadamente.

Ramón, uno de los amigos que hizo durante el curso para ingresos, le contó, que al parecer, en una semana salían para un nuevo frente. Jazmín le preguntó cómo se había enterado y su amigo le narró con detalles la conversación con Rodolfo que participó en la reunión de mandos.

—¡Que irresponsable! No debió contarle, eso es sacar información de las reuniones…

—Ya, ¡claro que no debió contarme! pero ni usted ni yo diremos nada, no sea tan cansona… no le vuelvo a contar nada.

—Mejor no me cuente, si pasa algo no quiero estar metida en esos líos, que irresponsables son.

Ramón se fue bravo de la caleta de Jazmín. Ella quedó pensativa; para dónde iremos. Estaba contenta con la noticia porque sabía que en esos recorridos aprendería muchas cosas, conocería más gente y lugares. Era más divertido salir que estarse en un mismo campamento tanto tiempo.

Y sí era cierto. Se iban a crear un nuevo frente.

James, el comandante del frente llamó a formar. Con lista en mano nombraba a cada uno de los que salían a la misión de la cual habló Ramón. Guerrilleros y guerrilleras, al ser nombrados, fueron dando un paso al frente. ¡Jazmín!, dijo James. Latía con fuerza su corazón. ¡Si es cierto, me voy! Pensaba entusiasmada. 36 camaradas salían para las sabanas al mando de Camilo.

—La tarea que vamos a cumplir es una misión muy delicada. Llegaremos a una zona nueva, desconocida para todos. Allá nos recibirán los guías —les comunicó Camilo.

Salieron a los dos días. Muy de mañanita, subieron a las embarcaciones. Tomaron río arriba hasta el borde de la sabana. Allí montaron en un camión que los esperaba. Después de 5 horas de un viaje algo movido por una carretera llena de huecos, al fin llegaron. Eran por ahí las 4 de la tarde, un hermoso atardecer sabanero se veía, con su combinación de rojo, naranja y violeta y esa gramita amarilla por la escasez de agua.

El terreno seco, y poco monte, no será fácil el trabajo, pensaban los recién llegados ¿habrá agua en este lugar? Ramón con sed, no se notaba tan animado con el lugar como ella que estaba extasiada con el paisaje.

El comandante, Camilo, mandó a formar. Dio las orientaciones para buscar el lugar del campamento y pernoctar. Se acomodaron en un matojo, una bolita de monte como llama la guerrillerada a esa escasa vegetación que se encuentra en medio de la sabana. Se montó la rancha, se trajo leña, comieron y como pudieron con sus cuerpos cansados fueron a dormir. Los centinelas cumplían su deber de guardia hasta la 6 de la mañana.

Ya estaban listos para salir a las exploraciones cuando escucharon los helicópteros a lo lejos. Unos minutos más tarde los aviones. Estos últimos pasaron de largo, no volvieron, solo dejaron el ruido y el presentimiento de que algo iba a ocurrir. En cambio, los helicópteros se acercaron y comenzaron a ametrallar y a lanzar cohetes; un rato después a desembarcar.

En tierra, la guerrilla tomaba posiciones. Caían de los helicópteros soldados por cantidades. Eran 4 aparatos, cada uno con 20 soldados para enfrentar a 36 unidades guerrilleras.

—¡Humberto, con su escuadra tomen el caño! ¡Juan, ve con Aníbal y Soledad y lleven a 3 más hasta la cerca por donde pasamos ayer!¡Ramón ve con 10 más al potrero y aseguren la remesa! —orientó el comandante de la guerrilla.

El ejército, poco a poco ocupaba la matica de monte. Comenzó el combate. Sonaban tiros, uno a uno y ráfagas de fusiles y ametralladoras. La guerrillerada disparaba, se defendían, atacaban.

Jazmín iba en el grupo de Ramón. Como pudieron escondieron la remesa: arroz, harina, aceite, sal… Quisieron salir del lugar para unirse al grupo de pelea pero ya no pudieron. Un grupo de soldados los cercó. Cayeron muertos varios guerrilleros. Jazmín tomó el fusil de Julián que murió a su lado y corrió a un tronco que estaba en el borde del montecito. Ramón y los que quedaban salieron por detrás como pudieron pues la arremetida del ejército era violenta, no podían esperar más en ese lugar.

La guerrillera quedó sola atrincherada en el tronco. Un soldado comenzó a dispararle y ella le respondía, tiro a tiro como le enseñaron en el curso. La muchacha recordaba las instrucciones dadas, les repetían una y otra vez, “la munición hay que ahorrarla, las ráfagas no siempre son efectivas, apunten bien y disparen tiro a tiro”.

Al fin le dio un disparo en el hombro del soldado. Este cayó y otro lo reemplazó. Una vez más, disparó y acertó en la humanidad del reemplazo. Así otra vez más. La situación le llamó la atención a un teniente que estaba cerca y comenzó a gritarle: ¡Entréguese, no se haga matar, le respetaremos la vida!, ya no tiene nada que hacer. Ella le contestó: —Aquí nadie se entrega, y disparó nuevamente hiriendo al soldado que estaba con el teniente.

Gritos iban y venían. Ella les decía que no se entregaría, que era una luchadora y defensora de los desposeídos. El teniente no podía creer que alguien atrincherado en un tronco y en esa situación, rodeado y en total desventaja disparara como si nada, sin miedo y con buena puntería, o muy buena pues ya había herido a tres soldados. Y que fuera una mujer, más lo indignaba y molestaba. Le dijo: ¡vieja cabrona!, ¡no va a vivir si no se entrega!, ¡no se haga matar!

—Bueno, pues venga por mi si es tan guapo.

Jazmín peleó hasta que se le acabaron las balas. Pero no alzó las manos, no se entregó. El teniente con tres soldados más cerraron fuego contra el tronco, lo desbarataron, de verdad lo desaparecieron a punta de plomo y así unas cuantas balas dieron en el objetivo, mataron a Jazmín, La Danta, guerrillera valiente, como tantas, como todas, quien no se doblegó ante el embate de un ejército más grande y armado hasta los dientes.

Sabor agridulce en la boca del teniente, ¡un triunfo pírrico la muerte de la insurgente!

1Tapir, es el único representante vivo de la familia de los tapiridae del genero Tapirusy también considerado familiar lejano del caballo y del rinoceronte. (Dato de internet)

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A propósito de la Columnista

Candelaria Viva

Candelaria Viva

Guerrillera de las FARC-EP