Participación

  • “Sobre el trabajo de las mujeres se ha acumulado demasiada riqueza para los capitalistas”

    ¿Se pueden pensar alternativas por fuera del Estado para terminar con esta desigualdad?

    El trabajo de reproducción necesita afectividad, respeto, confianza. No es un solo material. Es un trabajo complicado. No es como limpiar un coche. Este sistema tendrá límites. Te da ayuda pero no se corresponde con las necesidades reales. Igual debemos tener en cuenta a las personas que no tienen familiares y deben ser cuidados, o quienes tienen familiares, pero están lejos o no las pueden cuidar. Este sistema no se puede aceptar ni rechazar. Una solución es pensar que se cree como un sistema común, comunitario, desde el barrio. Que vecinos y vecinas se junten con quienes van a dar el servicio y coordinen, porque así pueden intervenir e impulsar otras formas de llevarlo adelante.

    El castigo a las mujeres

    Por estos días, Federici lee documentos sobre la caza de brujas en la región andina, en Brasil y en México y cómo esta práctica se renueva y profundiza en el presente. Entierros de mujeres vivas en distintos países de África, campos de concentración donde encierran a brujas en Ghana, femicidas que publicitan sus crímenes por las redes sociales, asesinatos de mujeres indias para obtener más dote marital. El castigo está vigente contra mujeres no hegemónicas, rebeldes, subversivas, que revitalizan el poder femenino de lo comunitario. http://latfem.org/sobre-el-trabajo-de-las-mujeres-se-ha-acumulado-demasiada-riqueza-para-los-capitalistas/

  • El invisible pero limitante techo de cristal

    Es evidente que en los últimos años, se ha hecho inocultable la participación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, en lo social, la política, lo económico, en el arte y la cultura.

    Pero es curioso que en los altos niveles directivos y de poder, la presencia femenina siga siendo escasa, se nota en los hoteles o los sitios donde se dan las reuniones de los eventos más importantes y donde se tejen todo tipo de relaciones y transacciones. Queda la pregunta ¿Por qué esta...

  • ¿Quién es Milagro Sala?

    Milagro Sala es diputada del Parlasur y luchadora social argentina. Su detención ocurrió luego de la asunción de Gerardo Morales como gobernador de la provincia de Jujuy, quien la acusa por una causa que fue iniciada en 2009 cuando era senador.

    Milagro Sala nació en San Salvador de Jujuy (Argentina) en 1954. Es dirigente de la Organización Tupac Amaru, diputada del Parlasur desde 2015 por el Frente para la Victoria y luchadora social.

    En 2014 el papa Francisco recibió en el Vaticano a Sala y a dirigentes de organizaciones coyas, guaraníes y diaguitas. En esa oportunidad, el Sumo Pontífice ratificó su apoyo a la defensa de los derechos de los pobladores originarios. https://www.telesurtv.net/news/Quien-es-Milagro-Sala-20160116-0042.html

  • “La paz va con las mujeres o no va”

    Laura Cardoza tiene 31 años, es psicóloga de la Universidad Nacional y feminista militante. Llegó a La Habana tras aplicar a una convocatoria que los países garantes del proceso de paz hicieron para contratar asesores en el tema de mujer y género. Reconoce que en la guerrilla existen lógicas machistas y patriarcales que son reflejo de la sociedad, pero también asegura que se ha obviado el hecho de que la guerrilla ha sido un referente de cómo solucionar conflictos de género en muchas comunidades rurales. Un ejemplo de esto lo narra Chaverra, guerrillero del Bloque Efraín Guzman. En 1993 ayudó construir un reglamento de una comunidad en Vebará, Chocó, que imponía multas y castigos (cargar arena para unas obras en la vereda) a todo hombre que maltratara una mujer. “A la semana un tipo le pegó una golpiza tremenda a una señora y nosotros llamamos al Presidente de la Junta de Acción Comunal para que aplicara el reglamento... La comunidad casi nos saca a machete de allá, la mujer se emberracó con nosotros, que porque al marido le tocaba ir a trabajar para pagar esa multa, que no nos metiéramos en la vida de ella...”.
  • 19 libros escritos por mujeres que deberían leer todos los hombres

    "Las mujeres escriben diferente a los hombres. Tenemos mucha conversación doméstica o personal. Las mujeres se sienten cómodas hablando de lo personal, a diferencia de los hombres. Las mujeres han comprado libros escritos por hombres desde siempre, y se dieron cuenta de que no eran libros sobre ellas. Pero continuaron haciéndolo con gran interés porque era como leer sobre un país extranjero. Los hombres nunca han devuelto la cortesía". Son palabras de la pacifista y escritora neoyorquina Grace Paley (1922-2007). Para devolver la cortesía, quizá deberíamos empezar por estos 19 títulos...

    'El segundo sexo' (1949), de Simone de Beauvoir

    Por qué lo debe leer un hombre. Porque es una lectura fundamental para cualquier hombre que se interese por entender cómo, a lo largo de la historia, se han ido construyendo las identidades de las mujeres -normalmente con respecto a un hombre: hija, esposa, madre, olvidándose de sí misma-. Es decir, cómo a la mitad de la población se la ha definido -y se ha definido ella misma- en función de la otra mitad. Si quieres entender de una vez qué es eso de que “no se nace mujer: llega una a serlo”, este libro lo explica perfectamente. Obra fundacional del feminismo que incide en el beneficio que la igualdad real traería tanto para mujeres como para hombres. Ya fue un éxito de ventas desde su publicación, allá por 1949. Y a pesar de estar escrito hace más de seis décadas sigue estando de rabiosa actualidad.

  • Aleksandra Kolontái

    La mujer más destacada en la revolución de octubre, hija de un general del ejército zarista, por su posición económica y social pudo tener una educación superior, que en esa época y sobretodo para las mujeres no era posible. Mujer políglota: hablaba 8 idiomas, inició su actividad revolucionaria desde muy joven, muchas veces en la clandestinidad y en el exilio, militó en un grupo que se llamaba Bloque de Octubre.

  • Camaradas candidatas al senado y cámara 2018-2022 por el partido FARC.

    victoria sandino1 914x607Camaradas reciban un caluroso y combativo saludo!

    Espero que en estas fechas decembrinas se encuentren compartiendo con sus seres queridos y con la comunidad de la familia fariana.

  • Componer en zapoteco: el rap para conservar la lengua indígena

    Dulce Nadxielli crea historias musicales donde relaciona la violencia con su lengua materna

    JUCHITÁN, Oax.- “Para Gaanu De que Naa' Ru'nda Didxazá, Rusisaca' Xquiidxe Ne Ca Binizá... para que sepan que yo también te canto en zapoteco, hago valer mi tierra y también a los juchitecos”.... la chispa que demuestra al hacer música en el género rap no tiene calificativo, a través de las letras en zapoteco y castellano, la adolescente logra que su voz erice la piel de quién la escuche cantar.

    Dulce Nadxielli Escobar Ruiz de 16 años, es la primera mujer que canta rap en esta zona de Oaxaca y lo hace porque quiere que su lengua materna, el zapoteco, siga viva y sea un canto de paz y no violencia.

    En Juchitán no es común que las mujeres canten. Si lo hacen, la mayoría evoca boleros o cumbias, pero Dulce tiene una voz ronca, rasposa, ideal para rapear. Cuando lo hace, delante de jóvenes y niños que quieren ser como ella, piensa en tocar los corazones de sus espectadores para que, en vez de involucrarse con drogas y vicios ilegales, le apuesten a cantar.

    La mayor de cuatro hermanos, Dulce es originaria de la novena sección, una de las más abandonadas de Juchitán. Esos territorios donde la política social llega escasa comparado con los vientres pegados a las costillas por el hambre que llega con pobreza extrema. Aquí en Juchitán, las mujeres se casan a temprana edad, chicos y grandes consumen alcohol y se drogan al caer la tarde. Ella prefiere acercarse a ellos, cantar y rapear, componer canciones que reflejen el diario vivir.

    Dulce Nadxielli anhela que a través de su talento vocal, el rap pueda reivindicarse de los prejuicios que lo ubican como aliado de la drogadicción y la violencia. Por el contrario, para ella ha sido fantástico combinar la rima, la métrica, con su idioma, porque ha logrado que la escuchen, que le pongan atención a su significado.

    ¿Por qué rap?

    Dulce hace un movimiento rápido de ojos. “Porque quiero entender por qué hay tantos disgustos entre padres e hijos adolescentes, porque los hijos quieren irse de casa, porque violentan o asesinan a las mujeres, todo eso se puede cantar”.

    En las letras que compone, Dulce sumerge lo que sus abuelos le han contado de la juventud de antaño y lo relaciona con la actual, así como interpreta los rituales de su comunidad que son sus fiestas, describe la violencia que viven los jóvenes, las mujeres y su entorno social.

    LEER MAS>>>https://www.elsoldemexico.com.mx/cultura/componer-en-zapoteco-el-rap-para-conservar-la-lengua-indigena-1010532.html

  • Conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora

    8 de marzo con las mujeres del común. 
    Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.


    Nos encontramos conmemorando el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Un día para manifestar ante la sociedad capitalista-patriarcal-colonial, que las mujeres han venido construyendo importantes movimientos sociales y políticos que reivindican la transformación en las condiciones de vida precarias que enfrentan diferentes mujeres alrededor del planeta.

    A partir del reajuste estructural neoliberal que atravesó América Latina en los años 80, las condiciones laborales para muchas mujeres y hombres en nuestro país cambiaron. Especialmente para las mujeres, las condiciones de informalidad laboral, de rebusque, de trabajo doméstico no remunerado se han agudizado. En general, la población colombiana sufre un desempleo del 9.4% en 2017 (DANE). Siendo los territorios periféricos como Chocó y parte de la costa pacífica, así como los territorios fronterizos como Cúcuta y Nariño los que más altos índices de pobreza sufren actualmente. No obstante, frente al panorama de desempleo nacional, existen fuertes diferencias en los niveles y afectaciones del desempleo para las mujeres en nuestro país, asociadas con la baja participación de las mujeres en el mercado laboral y en la ocupación, la brecha salarial que indica un menor pago para las mujeres aun cuando estas realicen un mismo trabajo que los hombres y un mayor desempleo estructural asociados a patrones de situación socio-económica y étnico-racial.

    Como bien lo reseñó el informe sobre situación laboral de las mujeres en Colombia de la Escuela Nacional Sindical (ENS) en 2014, el trabajo de las mujeres se mueve entre aquello que se identifica como lo invisible, lo precario y lo desigual. La primera conclusión manifiesta por el informe es, en definitiva, que las mujeres son las más pobres entre las pobres. A esto se suma la dura situación que enfrentan las mujeres pertenecientes a los pueblos étnicos que, a causa del racismo estructural, la pobreza alcanza niveles alarmantes de afectación. En síntesis, el informe relata la dura situación que enfrentan tanto las mujeres urbanas como las mujeres del campo, las cuáles según la ENS, son las que menos independencia económica presentan. Además, de incorporar el análisis sobre la desprotección social que padecen 3 de cada 10 mujeres en el país, que no tienen ninguna cobertura de seguridad social, ni de salud, ni de pensiones.

    Estas son las condiciones laborales de las mujeres hoy en Colombia, iguales o más precarias de las que se vivieron a inicios del Siglo XX, cuando las mujeres socialistas denunciaron las precarias condiciones de trabajo que enfrentaban en las fábricas de Europa y EEUU. En Colombia, particularmente María Cano, Betsabe Espinosa, Juana Julia Guzmán entre otras, denunciaron en diferentes lugares del país esta condición de pobreza de las mujeres, haciendo un fuerte llamado a la organización y a la protesta social para garantizar derechos de asociación que disputaran un mejoramiento de las condiciones del horario laboral, de los entornos de la producción e incluso, del tiempo social que pudiera ser invertido para el estudio y el esparcimiento, recursos claves en la calidad de vida de mujeres y hombres en el país.

    Por todo la anterior, la FARC se suma hoy, igual que años atrás, a la conmemoración del 8 de marzo, esta vez, agrupando las consignas del movimiento feminista y de mujeres internacional que convocan a realizar el Paro de Mujeres como forma de evidenciar esta dura situación, pero también nos unimos para manifestar el deseo de transformar las condiciones estructurales de la desigualdad económica, social, política y cultural que vivimos las mujeres en todo el mundo. También hacemos nuestras, las consignas de las mujeres racializadas que evidencian que hace falta sumar la situación que viven las mujeres migrantes de nuestro país y de otros que atraviesan duros conflictos bélicos, donde son las mujeres sobre todo racializadas, mujeres negras, gitanas, musulmanas las principales expulsadas de sus comunidades para realizar trabajos domésticos y sexuales absolutamente precarizados y en contextos de violencia extrema que no les permite tener unas condiciones de vida digna, como es debido. Siendo las mujeres racializadas las principales afectadas por la discriminación y las que no se pueden sumar al paro porque seguramente pierden sus trabajos

    Las mujeres y hombres farianos, nos sumamos a la jornada de Paro Internacional, pero además ratificamos nuestra voluntad de paz expresada desde los diálogos de La Habana, puesto que afirmamos que la implementación del Acuerdo de la Esperanza es la garantía para avanzar en la eliminación de las desigualdades que vivimos en el país. Por este motivo, exigimos se cumpla con lo pactado y avancemos en el mejoramiento de las condiciones de vida del campo colombiano, en la ampliación de la democracia que permita la participación política a los sectores históricamente excluidos de nuestra sociedad, que avancemos en el proceso de reincorporación de las y los exguerrilleros, además de ofrecer todos los beneficios pactados para la reparación integral de las víctimas del conflicto.

    Estamos aquí como ayer, como hoy, como siempre, en el centro de las reivindicaciones del pueblo colombiano, promoviendo el liderazgo y la autonomía de las mujeres como garantía de una paz con justicia social para todas y todos.


                                                             Comisión Nacional de Mujer, Género y Diversidad

                                                                Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común

  • Curso Feminismo y Políticas de Igualdad. Módulo I: “Teoría Política Feminista”

    Curso de Formación académica “Feminismo y Políticas de Igualdad” de Clara Campoamor, Escuela de Pensamiento Feminista en colaboración con el Observatorio de Igualdad de la Universidad Rey Juan Carlos.

    Módulo I: Teoría Política Feminista.

    Impartido por: Ana de Miguel, Profesora Titular de Filosofía Moral y Política de la URJC.

    3 de octubre de 2017

    Clara Campoamor, Escuela de Pensamiento Feminista

    Concejalía de Igualdad Fuenlabrada

     

    https://www.youtube.com/watch?v=JKZAhivIMEM

  • De la cocina al poder

    La forma más común de renunciar al poder es pensando que no lo tenemos”. Alice Walker.

    En los discursos de emancipación femenina es muy frecuente encontrar la palabra “empoderamiento”, que tiene que ver con la adquisición del poder, ya sea en el plano político económico, social, etc. Mujer y poder es una combinación que debe trascender en esta sociedad cargada de visos machistas y patriarcales.

  • EL FEMINISMO ES UN MODO DE LUCHA COLECTIVA

    El feminismo es definido como la ideología que defienden los movimientos sociales para que las mujeres tengamos los mismos derechos que los hombres. La definición de este concepto ha sido tema de debate para muchos sectores políticos en todo el mundo, siendo tambien, uno de los temas principales de discusión entre nosotras, las guerrilleras de las FARC-EP.

  • Entre espejos y cóndores a 60 años del voto femenino en Colombia

    Lo que han hecho las organizaciones de mujeres, su capacidad para trabajar en silencio y hacer que los derechos sean realmente humanos, son historias que nos debemos como latinoamericanos y que deberíamos contarle más a nuestros niños y niñas. Comencé a aprender de historia y de política cuando las turbulencias de la operación Cóndor apenas se aplacaban, dejando a su paso países marcados por la sangre, el dolor, la muerte y las desapariciones, épocas que dejaron abiertas grandes heridas que apenas hoy podemos empezar a sanar, y donde la historia tiene versiones que debemos escuchar. De aquellos aprendizajes recuerdo con fervor los emotivos movimientos en los que las mujeres se hicieron públicas y políticas, movidas por el amor y la necesidad de recuperar a los seres queridos que habían desaparecido o habían sido asesinados en medio de tanta guerra. Siguiendo sus caminos encuentro que lo público siempre ha sido para las mujeres una lucha, una en la que siempre han estado aunque su voz y su voto no siempre hayan sido escuchados, pues se asumía que lo público es masculino y lo privado –la casa, la intimidad y el silencio–, femenino.

    María de la Cruz Toledo

    fundadora del segundo partido feminista de Chile, creado para luchar por el derecho al voto de las mujeres en este país, decía a viva voz en su manifiesto: “nosotras no somos ni de derecha ni de izquierda. Los hombres se dividen por las ideas, nosotras nos uniremos por el sentimiento”. Este sentimiento siempre estuvo ligado a un cambio social profundo.

    La exclusión, fue una de las ideas base de los estados hasta muy entrado el siglo XX en América Latina; las mujeres, los indígenas, las clases proletarias, los iletrados, los negros, todo aquél que se saliera del esquema heredado por los europeos, cuyas ideas conquistaron mucho más que nuestras tierras, estaría por fuera de lo público, y la lucha de las mujeres abarcaría no sólo un sexo, sino más bien a esa mayoría de la sociedad que no era reconocido por los estados.

    Luchas silenciosas y hechas a gritos, luchas públicas y privadas, luchas perdidas y ganadas, pequeñas luchas que han hecho grandes cambios, grandes mujeres que se han silenciado en la historia.

    Eva Perón. Argentina

    Alicia Moreau de Justo nació en Londres, pero a los cinco años llegó a Argentina. Fue médica y política, destacada por sus ideas socialistas y feministas. Adelantó importantes causas de protección de los derechos a las mujeres al fundar en 1918 la Unión Feminista Nacional, y en 1932 elaboró un proyecto de ley que establecía el sufragio femenino, aunque esta idea solo se concretaría en 1947 con la llegada de Eva Perón.

    Tras promulgar la ley, el 23 de septiembre de 1947, el presidente Perón le entregó el documento a Eva, quien celebró el acontecimiento con un histórico discurso transmitido por la cadena nacional argentina de la época. La inolvidable y polémica Eva Duarte de Perón genera hoy tantas dudas como certezas, pues algunos dudan del papel que jugó en el derecho al voto femenino, pero sabemos también que siempre se expresó públicamente a favor de los derechos de las mujeres y que fue una de las promotoras del proyecto de ley que presentó el peronismo antes de permitir a las mujeres este derecho.

    En 1951 la imagen de Duarte de Perón votando por primera vez desde su cama simbolizaría para la eternidad el papel que jugó Evita en la obtención del voto femenino.

    Se dice que la primera vez fue en Uruguay, pero hay otra primera vez, en silencio... una historia que tuvo lugar en Santander, Colombia, pero esa es otra historia.

  • FARC propondrá en el Congreso reformar la Ley de Mujer Rural

    Para la candidata Victoria Sandino hay una gran preocupación en la desigualdad que hay en la relación entre el campo y la ciudad en Colombia, “particularmente las múltiples desigualdades que viven las mujeres campesinas y pueblos étnicos”.

    Victoria Sandino, candidata al Senado por el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), presentó una las propuestas de la agenda legislativa que tiene este partido político para el beneficio de las mujeres que viven en el campo colombiano.

    Para Sandino hay una gran preocupación en la desigualdad que hay en la relación entre el campo y la ciudad en Colombia, “particularmente las múltiples desigualdades que viven las mujeres campesinas y pueblos étnicos”. A partir de estas circunstancias deciden impulsar la reforma e implementación de la Ley de Mujer Rural.

    Hasta el momento en Colombia existe la ley 731 de 2002 “por la cual se dictan normas para favorecer a las...

    LEER MAS---http://prensarural.org/spip/spip.php?article22717

  • Graduación del Diplomado formadores sobre prevención de violencia basada en género

    Buenos días para todas las personas presentes.

    Mi nombre es Rosaira Acevedo, vengo del espacio territorial de capacitación y reincorporación El Negro Eliécer Gaitan, en la vereda Caño Indio, Municipio de Tibú, Norte de Santander. Conocida en el partido como Yeni Mendoza.

    Soy la responsable del trabajo de género e integrante del diplomado por el cual estamos hoy recibiendo el título.

    Para todas, nosotras y nosotros, es un orgullo participar en esta iniciativa necesaria para contribuir a erradicar todas las formas de violencias basadas en género. El diplomado de prevención de violencias basadas en género auspiciado por la embajada de Suecia, la Universidad Nacional, la OIM y el Departamento de la mujer y género de las FARC.

    El diplomado se realizó en medio de las tareas cotidianas del espacio y el estudio validación de primaria y secundaria del programa Arando la Educación.

    Hubo que utilizar horarios fuera de lo normal para lograr cumplir los requerimientos académicos.

    Esperamos replicar los conocimientos aprendidos con nuestras compañeras y compañeros del partido, para prevenir las violencias basadas en género, tanto en nuestro espacio como en las comunidades vecinas.

    Nuestro reto consiste en socializar el feminismo insurgente, nuestra visión del feminismo basado en nuestra experiencia, en nuestra práctica hacia la equidad, el empoderamiento de las mujeres y el papel que nos corresponde jugar en la transformación de la sociedad junto con nuestros camaradas hombres, apostando que ellos también transiten hacia las nuevas masculinidades, o formas nuevas de asumir la masculinidad, en coherencia con nuestros sueños revolucionarios.

    La violencia basada en género es como se expresa la brecha de desigualdades sociales que existen entre los hombres y las mujeres. Estas desigualdades son producto del patriarcado que históricamente ha puesto por encima a los hombres y subvalorado a las mujeres. También son producto de las desigualdades de clase. Capitalismo y patriarcado, para nosotras van siempre de la mano.

    Luchar en contra de las violencias de género en cada uno de nuestros territorios implica enfrentarnos contra el olvido histórico en que permanece la población rural de nuestro país; evidenciada en la falta de acceso a la tierra, la educación, la recreación, la salud, la justicia entre otros derechos básicos.

    Antiguamente muchas de nosotras encontramos refugio a las problemáticas que vivíamos en el campo uniéndolos a las filas de la guerrilla. Ahora, como partido político es un deber con nuestra causa, un deber con la comunidad seguir siendo un referente de justicia social.

    Parte fundamental de construir paz en nuestro país implica darle solución a las necesidades más básicas de las personas, sobre todo a las poblaciones vulnerables.

    Me enorgullece saber que lo aprendido no se ha quedado en la teoría, en los cuadernos y pizarras. Llevar a la acción nuestras intenciones es contribuir una Nueva Colombia que logre eliminar esa brecha entre la especie humana por cuestiones de género, entre otras.

    Muchas gracias.

  • Hombres al borde de un ataque de nervios

    Hace unas semanas me topé con el documental que buscaba demostrar que la opresión de las mujeres, tantas veces denunciada por el feminismo, excluye la opresión de los hombres y, que el género masculino, es el que realmente se encuentra en la base de la pirámide de la dominación. (Les debo el título del material y de la realizadora, lo borré sin anotar los datos, pero no quería dejar de escribir esto).

    Duré varios minutos viéndolo, esperando que solo se tratara de un recurso “artístico”, cinematográfico, como esos juegos infantiles en los que debes decir las cosas sutilmente a la inversa, con mentiritas o exageraciones varias, y pierdes cuando tu contrincante logra separar la realidad de lo demás.

    Eso nunca pasó. La realizadora (que dejó de ser feminista cuando comenzó a trabajar este tema) entrevista a varios militantes de la “liberación masculina”. Ellos critican al feminismo por centrarse demasiado en la emancipación de las mujeres, negando que esa lucha ha traído, como consecuencia, más opresión a los hombres. Este discurso es complementado con cifras comparativas entre hombres y mujeres de esperanza de vida, morbilidad diferencial y otras más subjetivas como sobrecarga de trabajo o estrés.

    Es interesante que este material se produzca en pleno siglo XXI porque, si hacemos un poco de historia, los estudios de género, impulsados por el feminismo anglosajón de los años sesenta del siglo XX, no tardaron mucho en concluir que el género no solo definía la identidad en hombres y mujeres en el plano personal, sino que también determinaba la construcción de roles, la interacción entre los sexos, dándole una dimensión social. A partir de esto, comenzó un largo camino en el que la reflexión y el estudio sobre las masculinidades ha ido integrándose a la práctica académica y militante feminista, asumiendo que el patriarcado también configura un esquema masculino excluyente, rígido y que, efectivamente, oprime a las masculinidades no hegemónicas.

    El documental en cuestión se jacta de mostrar un universo nuevo, pero la postura de sus defensores también tiene antecedentes. Dentro de los estudios sobre masculinidades existe la llamada perspectiva de los derechos masculinos que, desde su origen en los ochenta del siglo pasado, se sirvió de la plataforma reivindicadora de los derechos de las mujeres para reclamar los derechos “usurpados” a los hombres:

    1. Poder demandar a las mujeres por su violencia invisible.

    2. Romper el monopolio feminista sobre las investigaciones de género.

    3. Lograr la custodia de hijos e hijas en plena igualdad legal con las mujeres.

    4. Tener derecho a una ley de paternidad plena.

    Curiosamente, esta perspectiva fue defendida tanto por hombres defensores de los derechos patriarcales como por los partidarios de derechos igualitarios.

    La crítica superficial del documental al feminismo, niega la existencia de una línea radical dentro del análisis teórico sobre las masculinidades: Los estudios críticos sobre los hombres y sus masculinidades que, desde los setenta han incorporado la categoría de género a sus investigaciones para ampliar sus criterios, al mismo tiempo que asumen una postura positiva ante el cambio de las mujeres y reciben influencia del feminismo de la igualdad.

    Pero no se trata solo de qué tipo de análisis de masculinidades hacen. A menudos los entrevistados defienden su “derecho” a cosificar a las mujeres, a referirse a ellas de manera ofensiva, algunos llegan a defender la violencia sexual como “derecho de los hombres” que el feminismo les negó.

    Mientras el feminismo de izquierda propone una nueva forma de relacionamiento social que cuestione y combata todas las formas de desigualdad, que se base en la libertad plena de una individualidad en constante interacción y transformación con la sociedad también cambiante, surgen detractores que apuestan por una realidad donde la libertad de unos signifique la opresión de otras.

    Solo espero que cada vez queden menos dudas de la importancia de la lucha feminista y las mujeres y los hombres nuevos, para construir “no solo un futuro mejor, sino un adecuado presente”.

  • Jineologî (ciencia de mujeres): sabiduría para la liberación

    La Jineologî presupone un cambio radical en el modo de leer el universo, en una cosmovisión otra, es un cambio de paradigma. La primera vez que esta palabra aparece en algún tipo de registro es en 2003, en el texto Sociología de la Libertad, de Abdullah Öcalan. Allí, el líder del Movimiento de Liberación Kurdo, se refiere a ella para expresar la necesidad de una ciencia de mujeres como base fundamental para una sociedad libre, igualitaria y democrática, donde el Confederalismo Democrático -sistema social basado en la liberación de los géneros y la ecología-, fuera posible.

    El término Jineologî está compuesto de la palabra kurda "jîn" que significa mujer y proviene de la raíz "jiyan" (vida) y el sufijo "-ologî", que proviene del griego y puede designarse como logos, ciencia, estudio. Por lo cual, podríamos traducir la palabra Jineologî como ciencia de mujeres.

  • La alianza entre la comunidad trans y las Farc: la paz logró lo impensable

     Todo empieza con una historia de amor en tiempos de cambio. Puntualmente, con la historia de Laura, una mujer transgénero del barrio Santa Fe que, como muchas de las mujeres trans víctimas de la pobreza, la criminalización y la violencia estructural, terminó tras las rejas de La Picota. Encerrada, Laura conoció a Jaime, un militante de las Farc. Se enamoraron justo en el periodo inicial de los diálogos de paz en 2012. Su relación empezó a llamar la atención de otros presos militantes de las Farc: la proveniencia rural, religiosa y socialmente conservadora de algunos de ellos los llevó a acusar a Jaime, su camarada, de “marica”. El romance de Jaime amenazaba el concepto de masculinidad del grupo. Por eso, lo llamaron traidor y sugirieron que fuera expulsado de las filas de las Farc. Luego de varios abusos, Jaime solicitó al secretariado de las Farc que interviniera. Entonces, el inicio de las negociaciones de paz había dado paso a la reevaluación de la postura de las Farc sobre las personas con géneros y sexualidades no hegemónicas. Parte de ese replanteamiento se daba a propósito de la presencia de las Farc en la subcomisión de género en los acuerdos de paz. Por otro lado, la formación intelectual de Jaime se volvió fundamental a la hora de valorar su expulsión como una pérdida para ese grupo. Debido a esas razones la expulsión de Jaime no se llevó a término, incluso después de que él formalizara la unión civil con Laura al interior de La Picota. La respuesta del secretariado de las Farc fue circular un comunicado en el que le solicitaban a los demás militantes presos que pararan el acoso contra su camarada Jaime.

    Mientras pasaba todo eso, en La Picota ya hacía presencia la Red Comunitaria Trans (RCT), una organización con sede en el barrio Santa Fe fundada en 2012 por trabajadoras sexuales transgénero con el propósito de defender las vidas de otras personas transgénero. Como parte de su labor, comparten conocimiento sobre defensa política, derechos humanos, salud sexual y reproductiva, seguridad y participación ciudadana con las trabajadoras sexuales trans del Santa Fe. Debido a la alta criminalización de las mujeres transgénero de ese barrio, la RCT creó Cuerpos en Prisión, Mentes en Acción, un proyecto que busca defender los derechos de mujeres trans y de hombres gays y bisexuales encarcelados y hacer un llamado de atención sobre la violencia y el abuso constante del que son víctimas por parte de guardias y reclusos.

    Laura fue una de las personas que participó desde el inicio en este proyecto que no solo invita a mujeres trans, también a hombres que tienen relaciones sexuales o afectivas con ellas. Sin embargo, el miedo al acoso y a la discriminación hace que muchos de ellos se abstengan de participar. No obstante, Jaime se animó a participar y a apoyar algunas de las gestiones de la RCT en las cárceles, que incluyen actividades de pedagogía sobre cómo navegar los procedimientos y protocolos del INPEC y la adaptación de un protocolo penitenciario para las necesidades de la comunidad LGBT —uso del nombre que han elegido, autorización de su vestuario, atención médica especializada y continuación de tratamientos hormonales—. Uno de los resultados de ese trabajo fue una guía sobre los derechos de la población transgénero encarcelada realizada con el apoyo de reclusos (incluidos militantes de las Farc), empleados de la cárcel, abogados, psicólogos, artistas y otros.


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  • La desaparición del grupo de género de la Unidad de Víctimas preocupa: investigadoras FIP

    Génica Mazzoldy e Irina Cuesta hablan de la importancia de fortalecer el enfoque de género como política del Estado, en especial para pensar el retorno de las mujeres desplazadas.

    Las mujeres desplazadas que han regresado no tienen condiciones de vida adecuadas para mantenerse en su deseo de retorno.

    De las 7’219.471 personas que se han visto obligadas a desplazarse por la guerra en Colombia, 3’683.242 son mujeres. Representan más de la mitad de víctimas del conflicto armado. Por eso la puesta en marcha de la implementación del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc ha sido una oportunidad para pensar su retorno y reubicación. En ese sentido, el informe “Retornos de mujeres a zonas rurales, recomendaciones de política pública”, que publica la Fundación Ideas para la Paz, es un documento relevante para pensar las prioridades y particularidades que enfrentan las mujeres que se han resistido a perder el arraigo con su territorio. Un tema vigente porque, aunque los desplazamientos individuales han bajado, los destierros masivos vienen creciendo.

    Le puede interesar: Las mujeres de Chimborazo luchan por su tierra

    En 2017, la Oficina de Nacionales Unidas para Asuntos Humanitarios (OCHA) registró 147 desplazamientos masivos que afectaron a cerca de 18.000 colombianos, principalmente en Nariño, Chocó y Putumayo. Y solo en los primeros días del año, la Defensoría del Pueblo alertó sobre el desplazamiento de más de mil personas por enfrentamientos o amenazas en zonas del litoral Pacífico, como Buenaventura y Magüí Payán (Nariño), Bajo Cauca, sur de Córdoba y en los límites entre Boyacá y Casanare.

    Aunque el Acuerdo de Paz alivió un poco la crisis humanitaria que teníamos, se siguen dando nuevas y más víctimas de desplazamiento, la mayoría de ellas mujeres. ¿Cree que la política estatal está preparada para atender el fenómeno?

    Génica Mazzoldy: No. De hecho, la Unidad de Víctimas ha estado trabajando en un nuevo decreto para cambiar el procedimiento de reconocimiento de la medida de indemnización administrativa, que encendió las alarmas de la Comisión de Seguimiento y Monitoreo a la Implementación de la Ley 1448. Esto por no hablar de la baja ejecución presupuestal con la que cuenta la entidad.

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    ¿A qué se refiere?

    Un informe de septiembre del año pasado sobre este aspecto, elaborado por su oficina de Control Interno, advierte que existe un nivel medio de ejecución, ya que hasta ese momento se había comprometido el 48,8 % de la apropiación vigente y los pagos realizados equivalían sólo al 39,63 %. Una preocupación que se suma a que en una resolución del 22 de enero la Unidad de Víctimas creó un solo grupo de enfoques diferenciales, acabando con el grupo de mujeres, género e identidades de género diversas que tenía.

    ¿Cuál era la importancia de este grupo?

    Que ese grupo desaparezca va en contra de la realidad del desplazamiento y del impacto que ha tenido sobre las mujeres. Es restarles reconocimiento a los derechos de las mujeres y a lo que implica la transversalización de esta mirada en la política pública.

    ¿Por qué es importante incluir un análisis de las condiciones que necesitan las mujeres que fueron obligadas a desplazarse?

    Porque, por ejemplo, según cifras suministradas por la misma Unidad de Víctimas, las mujeres son jefas de hogar en la mayoría de los hogares de población desplazada que han sido atendidos en procesos de retorno (53 %), de reubicación (55 %) o de reintegración local (57 %). Sin embargo, quienes han regresado no han encontrado las condiciones de vida adecuadas para mantenerse en su deseo de retorno. También están quienes tienen la intención de volver pero que la dinámica de la política pública se convierte en una barrera para su progreso.

    Eso quiere decir que pese a todo las mujeres retornan...

    Irina Cuesta: Sí, con política o sin política, con acompañamiento institucional o no, las mujeres desplazadas vuelven a sus territorios, porque tienen unos sentidos territoriales y de pertenencia que las hacen regresar. Son ellas las que mayoritariamente intentan reconstruir el tejido social, sus casas, sus lazos familiares rotos por la guerra.

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    ¿Por qué una mujer retorna?

    I.C.: En las entrevistas y testimonios que hicimos encontramos que ellas no retornan si el Estado les ayuda con el mercado, o si les da pintura para pintar la casa porque se ve muy fea. Ellas retornan por el sentido del territorio que tienen. Fue el caso de las mujeres de El Tigre, en Putumayo, que volvieron pese al desplazamiento, porque su barrio lo habían construido de manera colectiva a finales de los noventa. Ellas insisten en que entre todas pueden crear las condiciones dignas para conservar su permanencia allí.

    Pero se requieren condiciones de seguridad y dignidad mínimas, como ustedes mencionan en el informe...

    G.M.: Claro. Por eso, cuando les ofrecieron pintura para tapar los grafitis que los paramilitares pintaron en sus casas, algunas se negaron. No están buscando un concepto de bienestar estético, sino de dignidad, porque no solo se trata de regresar, sino de una intención de permanecer y quedarse allí. Los principios internacionales dan tres condiciones para que se dé el retorno: una es seguridad, la otra voluntariedad y la tercera es dignidad. Hasta hace unos meses, en la Unidad de Víctimas utilizaban un concepto que abarcaba esto y era el de reparación transformadora, que tiene en cuenta otros elementos en el caso de las mujeres.

    ¿Cómo cuáles?

  • LA IMPLEMENTACIÓN DE LOS ACUERDOS DE PAZ PERMITIRA LA PARIDAD POLÍTICA

    El movimiento social de Mujeres por décadas ha impulsado la participación política de las mujeres, bajo diferentes estrategias incluidas las normativas, pero con poca efectividad, la llegada en el 2016, de la firma del Acuerdo final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y duradera entre el Gobierno y la Fuerza Armada Revolucionaria Colombiana, le vuelve a entregar esperanzas y oportunidad al movimiento, de poder dirigir los destinos del país de manera paritaria con los hombres.

    La esperanza en la implementación de los Acuerdos, es fundamental porque estos, deben regirse por el reconocimiento de la igualdad y protección del pluralismo de la sociedad colombiana, sin ninguna discriminación. En la implementación se garantizarán las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y se adoptarán medidas afirmativas en favor de grupos discriminados o marginados, teniendo en cuenta el enfoque territorial, diferencial y de género.

    Considerando que la participación ciudadana es el fundamento de todos los acuerdos que constituyen el Acuerdo Final y se encuentra ratificado en el Punto 2; el cual contiene el acuerdo sobre “Participación política: Apertura democrática para construir la paz”. Además, La construcción y consolidación de la paz, en el marco del fin del conflicto, requiere de una ampliación democrática que permita que surjan nuevas fuerzas en el escenario político para enriquecer el debate y la deliberación alrededor de los grandes problemas nacionales y, de esa manera, fortalecer el pluralismo y por tanto la representación de las diferentes visiones e intereses de la sociedad, con las debidas garantías para la participación y la inclusión política.

    En especial, la implementación del Acuerdo Final contribuirá a la ampliación y profundización de la democracia en cuanto implicará la dejación de las armas y la proscripción de la violencia como método de acción política para todas y todos los colombianos a fin de transitar a un escenario en el que impere la democracia, con garantías plenas para quienes participen en política, y de esa manera abrirá nuevos espacios para la participación (texto tomado del Acuerdo final).

    En relación a la participación de las mujeres en la toma de decisiones y el poder político, se ha logrado que Colombia, asuma mínimamente con los compromisos establecidos en la Plataforma de Acción de Beijing (1995), la CEDAW (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, por sus siglas en inglés), adoptada en 1979 por la Asamblea General de Naciones Unidas, obliga a los Estados en su artículo 18, a eliminar la discriminación y avanzar hacia la igualdad en la vida política y pública.

    Según datos del Censo DANE 2005, el 51% de la población en Colombia, son mujeres; y de acuerdo a los datos entregados por la Registraduría Nacional, el 50% del potencial votante en este país, son mujeres. Así mismo, algunos estudios realizados por organismos internacionales, han demostrado que las bases de los partidos políticos están conformadas por mujeres, aunque la representación aún no alcanza los índices esperados.

    Es de resaltar, que Colombia desde que se conformó como república independiente en 1830 ha tenido procesos electorales, pero las mujeres solo empezaron a participar de ellos en 1957: ciento veintisiete (127) años después. Esos años de desventaja, sumados a todos los elementos culturales de un país en el que la cultura machista es predominante, más las condiciones de pobreza y vulnerabilidad a las que se ven desproporcionalmente enfrentadas las mujeres, generan unas condiciones de desigualdad con barreras visibles e invisibles, para la competencia de las mujeres por el poder, así lo evidenció el PNUD en el ranking de igualdad de Mujeres y Hombres en los partidos políticos realizado en 2013.

    En la reforma política en Colombia, de 2011, la Ley 1475 obliga a los partidos políticos a inscribir en sus listas para el Congreso, Concejos y Asambleas el 30% de mujeres, basados en la Ley de cuotas es el nombre que recibe la ley 581 de 2000 de Colombia, por medio de la cual se dispone que el 30 por ciento de los altos cargos públicos deben ser ejercidos por mujeres. El pasado 9 marzo de 2014, fue la primera vez que dicha ley se aplicó en el país para las elecciones de Congreso, lo que posiblemente generó un aumento significativo. Pese a este aumento, es de reiterar, que no es suficiente con que la Ley exija que el 30% de las personas inscritas en las listas sean mujeres, si a estas no se les brinda dentro de los partidos las mismas garantías que a los hombres. (tomado del Observatorio de Asuntos de Género (OAG) , boletín N° 18 de 2014).

    De hecho, en una investigación elaborada por la Misión de Observación Electoral (MOE), antes de estas elecciones, se encontró que la mitad de las candidatas al Senado no tenían presencia en medios de comunicación, lo que insinúa que los partidos no se han preocupado hasta el momento, por formar y apoyar a las candidatas sustantivamente en la consecución de una curul, sino por cumplir con un requisito de la ley.

    En la actualidad, el periodo (2014 – 2018), el panorama territorial, con relación a la participación de las mujeres, es el siguiente: las mujeres ocupan el 9,38% de las gobernaciones del país; y el 9.81% de las alcaldías; el 17.94% de las curules de las asambleas departamentales; y el 16.08% de los asientos de los concejos municipales. En Senado de la República 31.6% y Cámara de Representantes 29.5%.

    La firma del Acuerdo final permite colocar mayor interés por parte de las mujeres, en el poder político ya que medidas como las cuotas o la paridad

    tienden a subvertir el orden patriarcal. Ambos recursos, cuotas y paridad, tienden a abrir espacios para la participación política de las mujeres. Las cuotas son una estrategia temporal, pero con la paridad se pretende cambiar de manera radical el orden normativo de la sociedad.

    Revisando el aporte de la feminista Hubertine Auclerc en 1884; “la paridad, es una exigencia revolucionaria, porque ya no se trata de compartir, o de poner fin al monopolio del poder masculino: se trata de repartir el poder político entre hombres y mujeres, un nuevo tipo de reclamo: que las Asambleas estuviesen compuestas por tantos hombres como mujeres.” Llevado al contexto colombiano, es imperativo profundizar en las razones sociales y jurídicas en las que el modelo económico ha mantenido excluida a la mujer del poder político.

    Considerando que, la sociedad está compuesta en igualdad numérica por hombres y mujeres, es del todo razonable que así estén compuestas las instancias representativas del poder público. La paridad no es pretender que haya más mujeres en cargos electos para que representen mejor a las mujeres. La paridad es el equilibrio numérico o cuantitativo que garantiza el acceso a ciertos puestos electivos de hombres y mujeres por igual. Se trata de hacer coincidir la política con el mundo real.

    Por lo tanto, se puede decir que, la nueva democracia paritaria trata de buscar un orden social más justo e igualitario, a través de un modelo social - administrativo, que equilibre ecosistema, educación, economía, trabajo, familia y política. Entonces, la paridad es, en el fondo, una cuestión de justicia política y social.

    Por las anteriores razones, se afirma que la implementación del acuerdo Final de paz firmado entre el Gobierno y las FARC-EP permitirá la paridad política, convirtiendo a Colombia en uno de los primeros países latinoamericanos donde los destinos del país se discutirán y decidirán de manera paritaria entre hombres y mujeres, iniciando así una nueva era en la historia de Colombia.

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