Columnista

clara

Hace unas semanas me topé con el documental que buscaba demostrar que la opresión de las mujeres, tantas veces denunciada por el feminismo, excluye la opresión de los hombres y, que el género masculino, es el que realmente se encuentra en la base de la pirámide de la dominación. (Les debo el título del material y de la realizadora, lo borré sin anotar los datos, pero no quería dejar de escribir esto).

Duré varios minutos viéndolo, esperando que solo se tratara de un recurso “artístico”, cinematográfico, como esos juegos infantiles en los que debes decir las cosas sutilmente a la inversa, con mentiritas o exageraciones varias, y pierdes cuando tu contrincante logra separar la realidad de lo demás.

Eso nunca pasó. La realizadora (que dejó de ser feminista cuando comenzó a trabajar este tema) entrevista a varios militantes de la “liberación masculina”. Ellos critican al feminismo por centrarse demasiado en la emancipación de las mujeres, negando que esa lucha ha traído, como consecuencia, más opresión a los hombres. Este discurso es complementado con cifras comparativas entre hombres y mujeres de esperanza de vida, morbilidad diferencial y otras más subjetivas como sobrecarga de trabajo o estrés.

Es interesante que este material se produzca en pleno siglo XXI porque, si hacemos un poco de historia, los estudios de género, impulsados por el feminismo anglosajón de los años sesenta del siglo XX, no tardaron mucho en concluir que el género no solo definía la identidad en hombres y mujeres en el plano personal, sino que también determinaba la construcción de roles, la interacción entre los sexos, dándole una dimensión social. A partir de esto, comenzó un largo camino en el que la reflexión y el estudio sobre las masculinidades ha ido integrándose a la práctica académica y militante feminista, asumiendo que el patriarcado también configura un esquema masculino excluyente, rígido y que, efectivamente, oprime a las masculinidades no hegemónicas.

El documental en cuestión se jacta de mostrar un universo nuevo, pero la postura de sus defensores también tiene antecedentes. Dentro de los estudios sobre masculinidades existe la llamada perspectiva de los derechos masculinos que, desde su origen en los ochenta del siglo pasado, se sirvió de la plataforma reivindicadora de los derechos de las mujeres para reclamar los derechos “usurpados” a los hombres:

1. Poder demandar a las mujeres por su violencia invisible.

2. Romper el monopolio feminista sobre las investigaciones de género.

3. Lograr la custodia de hijos e hijas en plena igualdad legal con las mujeres.

4. Tener derecho a una ley de paternidad plena.

Curiosamente, esta perspectiva fue defendida tanto por hombres defensores de los derechos patriarcales como por los partidarios de derechos igualitarios.

La crítica superficial del documental al feminismo, niega la existencia de una línea radical dentro del análisis teórico sobre las masculinidades: Los estudios críticos sobre los hombres y sus masculinidades que, desde los setenta han incorporado la categoría de género a sus investigaciones para ampliar sus criterios, al mismo tiempo que asumen una postura positiva ante el cambio de las mujeres y reciben influencia del feminismo de la igualdad.

Pero no se trata solo de qué tipo de análisis de masculinidades hacen. A menudos los entrevistados defienden su “derecho” a cosificar a las mujeres, a referirse a ellas de manera ofensiva, algunos llegan a defender la violencia sexual como “derecho de los hombres” que el feminismo les negó.

Mientras el feminismo de izquierda propone una nueva forma de relacionamiento social que cuestione y combata todas las formas de desigualdad, que se base en la libertad plena de una individualidad en constante interacción y transformación con la sociedad también cambiante, surgen detractores que apuestan por una realidad donde la libertad de unos signifique la opresión de otras.

Solo espero que cada vez queden menos dudas de la importancia de la lucha feminista y las mujeres y los hombres nuevos, para construir “no solo un futuro mejor, sino un adecuado presente”.


Durante años en mi mente existió la idea de portar un fusil hasta la muerte, me negué a la maternidad, desarrollé muchas tareas sin hacerle caso a los cambios hormonales con los que lidia toda mujer mensualmente, además, no me importaba si mi vida terminaba en cualquier momento a causa de un disparo o bomba; tampoco tener que salir de las cobijas calientes para meterme en una muda de ropa mojada, alistar un arroz echo el día anterior y caminar 7, 10 o 15 kilómetros para llegar a un nuevo sitio de campamento o ir por la remesa que luego consumiríamos.

En medio de lo que se puede llamar noche, es vista de lejos una fuerte luz que nace de una lámpara gigante en la calle, era esta una calle de la ciudad de Bogotá fundada alrededor de los años mil quinientos y que lentamente crecía generando procesos de transformación en cada una de sus calles, vías, e incluso plazas, aquellas que poco a poco se llenaban de habitantes que ocupaban lugares cualquiera y que pareciera incluso donde les diera la gana asentarse. Esto no era producto del azar, eran circunstancias arraigadas a la violencia política de los años cincuenta en todo el país. Esta ciudad albergaba entonces una gran cantidad de campesinos oriundos de regiones infinitas de Colombia; mujeres, hombres, niños y niñas, ancianos, perros y gatos, que llegaban con nuevos sueños e incluso memorias por plasmar en la realidad que les correspondía vivir justo en ese momento. Luego de lo que se conoce coloquialmente como Bogotazo, el desorden y las revueltas pero además las contestaciones ciudadanas no se hicieron esperar, lo que causaba además miles de micro luchas por así decirlo que aunque ya no su mayoría en el campo, si se encontraban en las ciudades, precisamente en Bogotá.

La paz es el símbolo de esperanza para cada uno de nosotros y nosotras en este paso tan importante que estamos dando, por eso hoy más que nunca unimos nuestros corazones y esfuerzos por una sociedad que dé mejores condiciones a todas y todos los colombianos.

Hemos cambiado los fusiles por la palabra, y con este paso vemos reflejados nuestros sueños de paz que hoy desde todas las Zonas Veredales se expresa a través de la cultura con su diversidad de tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo.

Hace 53 años se forjó un bastión de la resistencia campesina y popular que tuvo por cuna la histórica Marquetalia, en el departamento del Tolima. Hoy, después de miles de kilómetros de trocha libertaria abierta con pasión y amor revolucionario y habiendo trascurrido 53 años, nos encontramos de nuevo en la cuna de la resistencia.

Desde Marquetalia la bella, por su territorio topográfico e historia, recordamos a las y los camaradas caídos en combate y celebramos la vida con quienes continuamos en esta fase histórica, en esta ocasión dando un salto al tránsito hacia la vida civil y a la acción política sin armas. Hoy, en el aniversario número 53 de nuestra lucha revolucionaria marcharemos recordando especialmente a Miriam Narváez, Judith Grisales y Georgina Ortíz quienes por siempre serán ejemplo de fortaleza, dignidad y lucha de las mujeres colombianas.

La memoria es nutritiva y por ello nuestros recuerdos se resisten al olvido. Otras camaradas también se han atrincherado en nuestra mente y en nuestro corazón, porque la resistencia marquetaliana parió hijas combatientes que defendieron la patria como Amparo 21 y Laura González, quienes fueron guerrilleras que entregaron su vida a la causa revolucionaria y permanecieron en defensa del territorio liberado por más de 20 y 30 años.

Marquetalia para la guerrillerada es sinónimo de origen, de principio, de fortaleza, resistencia, de punto de partida. En esta ocasión, es lugar de retorno para recargar una vez más nuestro compromiso por la paz de toda Colombia. Es el momento para renovar la esperanza, renovar la convicción, gritar en voz alta “estamos cumpliendo. Hemos jurado vencer y venceremos”.

La marcha hacia Marquetalia no es solo la gran ruta turística e histórica al sitio donde nació la resistencia armada más antigua de Colombia, es también el retorno por los senderos de la paz, de la justicia, del encuentro con los sueños inconclusos de un puñado de hombres y mujeres que aún esperan alcanzarlos. Son los sueños de toda Colombia que lejos de ser imposibles son justos y necesarios

A eso vinimos aquí, a recoger los pasos rebeldes que han andado por el camino de la insurgencia, senderos labrados por justicia y dignidad. Por eso también se encuentran aquí el camarada Miguel Pascuas y otros marquetalianos y marquetalianas de estos tiempos quienes guiarán el recorrido por los pasajes más emocionantes de nuestra historia fariana, de la historia de Colombia y de la paz.