Columnista

clara


Durante años en mi mente existió la idea de portar un fusil hasta la muerte, me negué a la maternidad, desarrollé muchas tareas sin hacerle caso a los cambios hormonales con los que lidia toda mujer mensualmente, además, no me importaba si mi vida terminaba en cualquier momento a causa de un disparo o bomba; tampoco tener que salir de las cobijas calientes para meterme en una muda de ropa mojada, alistar un arroz echo el día anterior y caminar 7, 10 o 15 kilómetros para llegar a un nuevo sitio de campamento o ir por la remesa que luego consumiríamos.

En medio de lo que se puede llamar noche, es vista de lejos una fuerte luz que nace de una lámpara gigante en la calle, era esta una calle de la ciudad de Bogotá fundada alrededor de los años mil quinientos y que lentamente crecía generando procesos de transformación en cada una de sus calles, vías, e incluso plazas, aquellas que poco a poco se llenaban de habitantes que ocupaban lugares cualquiera y que pareciera incluso donde les diera la gana asentarse. Esto no era producto del azar, eran circunstancias arraigadas a la violencia política de los años cincuenta en todo el país. Esta ciudad albergaba entonces una gran cantidad de campesinos oriundos de regiones infinitas de Colombia; mujeres, hombres, niños y niñas, ancianos, perros y gatos, que llegaban con nuevos sueños e incluso memorias por plasmar en la realidad que les correspondía vivir justo en ese momento. Luego de lo que se conoce coloquialmente como Bogotazo, el desorden y las revueltas pero además las contestaciones ciudadanas no se hicieron esperar, lo que causaba además miles de micro luchas por así decirlo que aunque ya no su mayoría en el campo, si se encontraban en las ciudades, precisamente en Bogotá.

La paz es el símbolo de esperanza para cada uno de nosotros y nosotras en este paso tan importante que estamos dando, por eso hoy más que nunca unimos nuestros corazones y esfuerzos por una sociedad que dé mejores condiciones a todas y todos los colombianos.

Hemos cambiado los fusiles por la palabra, y con este paso vemos reflejados nuestros sueños de paz que hoy desde todas las Zonas Veredales se expresa a través de la cultura con su diversidad de tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo.

Hace 53 años se forjó un bastión de la resistencia campesina y popular que tuvo por cuna la histórica Marquetalia, en el departamento del Tolima. Hoy, después de miles de kilómetros de trocha libertaria abierta con pasión y amor revolucionario y habiendo trascurrido 53 años, nos encontramos de nuevo en la cuna de la resistencia.

Desde Marquetalia la bella, por su territorio topográfico e historia, recordamos a las y los camaradas caídos en combate y celebramos la vida con quienes continuamos en esta fase histórica, en esta ocasión dando un salto al tránsito hacia la vida civil y a la acción política sin armas. Hoy, en el aniversario número 53 de nuestra lucha revolucionaria marcharemos recordando especialmente a Miriam Narváez, Judith Grisales y Georgina Ortíz quienes por siempre serán ejemplo de fortaleza, dignidad y lucha de las mujeres colombianas.

La memoria es nutritiva y por ello nuestros recuerdos se resisten al olvido. Otras camaradas también se han atrincherado en nuestra mente y en nuestro corazón, porque la resistencia marquetaliana parió hijas combatientes que defendieron la patria como Amparo 21 y Laura González, quienes fueron guerrilleras que entregaron su vida a la causa revolucionaria y permanecieron en defensa del territorio liberado por más de 20 y 30 años.

Marquetalia para la guerrillerada es sinónimo de origen, de principio, de fortaleza, resistencia, de punto de partida. En esta ocasión, es lugar de retorno para recargar una vez más nuestro compromiso por la paz de toda Colombia. Es el momento para renovar la esperanza, renovar la convicción, gritar en voz alta “estamos cumpliendo. Hemos jurado vencer y venceremos”.

La marcha hacia Marquetalia no es solo la gran ruta turística e histórica al sitio donde nació la resistencia armada más antigua de Colombia, es también el retorno por los senderos de la paz, de la justicia, del encuentro con los sueños inconclusos de un puñado de hombres y mujeres que aún esperan alcanzarlos. Son los sueños de toda Colombia que lejos de ser imposibles son justos y necesarios

A eso vinimos aquí, a recoger los pasos rebeldes que han andado por el camino de la insurgencia, senderos labrados por justicia y dignidad. Por eso también se encuentran aquí el camarada Miguel Pascuas y otros marquetalianos y marquetalianas de estos tiempos quienes guiarán el recorrido por los pasajes más emocionantes de nuestra historia fariana, de la historia de Colombia y de la paz.