Columnista

Victoria Sandino Palmera

guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde mayo 2013.

@SandinoVictoria

Poema de Victoria Sandino al camarada Alfonso Cano.

Vive en la mente y en los corazones de las guerrilleras y los guerrilleros de las FARC-EP y del pueblo que nos acompaña.

Me encontré con los pasos
de Alfonso Cano.

La difusión de la existencia de una supuesta ideología de género en los acuerdos de paz de La Habana tuvo un manejo abusivo y mal intencionado para generar miedo, y descalificar moralmente el Acuerdo Final, desestimulando su lectura y conocimiento. Hay que dejar claro que la ideología de género no existe y por lo tanto no pudo ser incluida en el Acuerdo Final.

Csl5O99VUAAzGGL.jpg largeAl concluir el Acuerdo Final el pasado 23 de agosto en La Habana, quise gritar con mi puño en alto: “¡Las mujeres farianas le hemos cumplido a las mujeres colombianas en el proceso de paz!”, pero realmente no es así. Logramos una histórica e inédita inclusión de género en proceso de paz alguno, que reconoce y promueve los derechos de las mujeres, y aún así, no hemos terminado, ¡la tarea apenas comienza!

https://youtu.be/cBRvIn8nZLk

Para mi, como parte del equipo negociador de las FARC-EP y como responsable de la Subcomisión de género que se creó con el propósito de garantizar que todos los acuerdos de la Mesa de Conversaciones de La Habana, tuvieran un adecuado enfoque de género. Me es grato, junto a mis compañeras de Delegación, participar a través de este saludo en la Segunda Cumbre Nacional de Mujeres y Paz.

Proceso de las mujeres que si bien recogió las experiencias organizativas y las propuestas de diversas organizaciones, tuvo su génesis en el marco de las conversaciones y negociaciones entre el gobierno colombiano y nuestra fuerza insurgente. Esto nos ratifica que la paz es un asunto en el que las mujeres debemos participar y en el que hemos participado, cada una de nosotras desde sus opciones políticas y con sus agendas, todas o por lo menos quienes vemos que la paz es una oportunidad para avanzar en la ampliación de libertades para las niñas y mujeres, y para enfrentar de forma mas decidida las estructuras patriarcales, económicas y políticas que siguen reproduciendo la desigualdad de poder y de oportunidades entre hombres y mujeres.

Reconocemos la construcción de la paz como una oportunidad para generar procesos de unidad en medio de las diferencias y para hacer de las agendas de las mujeres, las agendas de la paz positiva es decir de la paz que no se reduce al silenciamiento de las armas sino que, se construye a partir de la transformación de las causas estructurales del conflicto armado, y de la discriminación y violencia contra las niñas y mujeres, dentro y fuera del conflicto armado.

Hoy tenemos la alegría, que compartimos con ustedes, porque logramos el acuerdo final para la terminación del conflicto armado que por más de 50 años hemos vivido y del que fuimos protagonistas en Colombia. Tenemos el orgullo de decirles a todas ustedes, que así como un día tomamos las armas para luchar en contra de las practicas injustas y excluyentes que el Estado colombiano usó en perjuicio de las y los ciudadanos, hoy, hemos decidido continuar luchando para lograr su transformación ahora sin armas, haciendo uso de las estrategias que han caracterizado nuestra relación durante años, con las comunidades, para acercarnos al pueblo.

Las mujeres hemos participado de este proceso de negociación como lo hicimos en la guerra: estuvimos a la par con nuestros compañeros. Durante el proceso de negociación con el Gobierno Colombiano, las mujeres de las FARC-EP tuvimos un lugar en cada tema en discusión. No fue un proceso fácil, los espacios los tuvimos que ganar, hacer reconocer nuestras voces y nuestras ideas. Sin embargo, valió la pena, hoy el acuerdo final, con todos sus componentes tiene incorporado el enfoque de género y se proponen acciones afirmativas para la efectiva vinculación de las mujeres en todos los puntos de los acuerdos.

Pero aquí no termina el papel de las mujeres, no termina en la participación del proceso de negociación; la implementación, la verificación y el seguimiento a los acuerdos debe tener como protagonistas a las mujeres, tanto a las antiguas combatientes, como no combatientes y mujeres víctimas del conflicto, defensoras de Derechos Humanos y todas las mujeres que se sientan llamadas a construir la paz. Solo así se garantizará que lo que hemos logrado en la negociación se vuelva realidad. La guerra es un asunto de hombres y mujeres, la paz también lo es!

Por lo anterior, la Segunda Cumbre Nacional de Mujeres y Paz se convierte en un escenario estratégico para las mujeres de los territorios, para las víctimas del conflicto armado, para las feministas, para quienes en espacios mixtos han trabajado por los derechos de las mujeres, para las campesinas, para las indígenas, afrodescendientes, es decir para quienes reconocen la paz como una oportunidad histórica e irrepetible.

Lo que logramos en la Mesa de Conversaciones recoge sus aportes y los de muchas otras mujeres, materializarlos e incluso mejorarlos en la implementación, depende también de ustedes. La agenda propuesta para esta Segunda Cumbre que se plantea como un escenario pedagógico y político para conocer y entender los contenidos del acuerdo final, y para construir alianzas que garanticen la participación de las mujeres en la refrendación, verificación e implementación del Acuerdo Final, muestra el compromiso y los retos que las mujeres hemos asumido frente a una Reforma rural integral que reconozca y valore el aporte de las mujeres rurales a la economía, frente a la ampliación de la democracia con mayor participación femenina y a favor de los derechos de las mujeres, y de los sectores sociales tradicionalmente excluidos de los beneficios del desarrollo; frente a una nueva forma de encarar el narcotráfico y los cultivos ilícitos en la que se ataque y castigue a quienes se enriquecen con esta economía ilegal y se le de oportunidades a quienes no han tenido otras opciones para sobrellevar la pobreza, incluidas las mujeres. Estos puntos y el fin del conflicto incluyen acciones y medidas específicas en las que las mujeres tenemos un rol que cumplir.

Las invito mujeres, compañeras a reconocernos en las diferencias, en las realidades propias de cada región, en las opciones que cada una de nosotras ha hecho, para sobre estas fortalezas históricas, construir una paz que cambie la vida cotidiana de niñas y mujeres y genere condiciones para que las mujeres podamos disfrutar una ciudadanía plena, condición para la equidad de género.

Muchas gracias, muchos éxitos y nos vemos. Nos vemos en la construcción de esa paz estable y duradera, con justicia social e incluyente.

 

 

Eres ejemplo andante de la canción,
“Mujer de temple de acero...”
eres Camila guerrillera,
eres Camila del heroísmo!
Tu fuerza es inspiración para todas nosotras,
tu resistencia incansable contra todas las injusticias,
Incluso contra esta que te ataca sin compasión,
y tu tan luchadora, tan erguida, tan única!
Quiero que me acompañe, nos acompañe
a todas y todos un poco de tu valor,
un poco de tu decisión,
un poco de tu pasión.
Sigue conquistando esperanzas,
sigue conquistando soles,
sigue conquistando vidas,
para continuar transformando roles.
Con el más infinito amor,
con una inmensa solidaridad de compañeras,
de camaradas, de mujeres farianas...,
te apoyamos! Cuenta con nosotras.
Octubre 27 de 2015

El proceso de paz ha significado para las guerrilleras una oportunidad en varias dimensiones: Una, responder a los ataques mediáticos dirigidos contra la organización, pero de manera especial contra las mujeres, desvalorando su papel en la organización, su condición de insurgente y de sujetos políticos.

¡Se acabó la guerra! Y con su fin toda Colombia da un paso al frente en la construcción de la paz, una paz que transforme las condiciones estructurales que nos llevaron a más de cincuenta años de confrontación armada, una paz con justicia social, estable y duradera.  Esta es también la oportunidad histórica para que no se aplace más la garantía de los derechos de las mujeres, formalmente reconocidos para todas sin discriminación.

Escribo esta nota a propósito de una imagen que le dio la vuelta al mundo y que retumba en  mi mente con inusitada fuerza. En la foto, tres hombres blancos, perfectamente uniformados, mismo corte de cabello, con iguales e impecables camisas blancas y sus cuidadosamente anudadas corbatas negras, con similares miradas de odio al horizonte.


Al fondo un policía, de igual apariencia, aunque con distinto uniforme, del que no se entiende su rol específico y deja la duda de si los controla o los protege. Y frente a ellos, pero en sentido contrario, mirando hacia la izquierda, una mujer delgada, de menor estatura, con un gran bolso que luce algo desordenado, típico de aquellas mujeres que cumplen varios roles, las de trabajadoras, madres, activistas..., y que por lo general andan en su afán con sus objetos a cuestas. Su mirada un tanto hacia arriba, desafía los rostros de los tres hombres que pretenden no observarla. Allí está ella, mujer negra, con su puño en alto, anunciando que este mundo aún tiene memoria y dignidad, allí está nuestra heroína anónima,  María-Teresa "Tess" Asplund.